Sí a la retención... pero de vientres
-
El frigorífico del creador de Paty entró en concurso con deudas millonarias
-
Granja Tres Arroyos perdió productores, acumula cheques por más de $26.000 millones y crecen las dudas sobre sus plantas
La exportación de carnes vacunas sigue en aumento. El consumo y los precios internos van por el mismo camino. Se busca una rápida solución al problema. Muchos interrogantes, pocos resultados.
En el país se faenan 14 millones de cabezas de ganado vacuno, que implican 3 millones de toneladas de carne. Al comercio exterior se destina 630 mil toneladas, un poco más de la mitad constituye carnes frescas, entre las cuales se incluye a la famosa Cuota Hilton de 28 mil toneladas, completando el total de los embarques las carnes procesadas y menudencias de menor valor.
La incidencia del mercado externo, en términos de cantidad, es muy poca. Por otra parte, en materia de precios tampoco existe mucha influencia. Los precios promedios de las 631 mil toneladas exportadas significaron u$s 1.536 p/t en todo 2004 y los precios del mercado interno, a nivel mayorista con impuestos, alcanzaron para el mismo año 2004 u$s 1.609 por tonelada.
El único vínculo que existe entre ambos mercados es una decisión empresarial del productor ganadero: optar entre vender animales livianos o pesados. Esto implica calcular el riesgo de pagar el costo marginal de un año adicional de alimentación y manejo con la cantidad de kilos engordados.
La carne aumentó porque creció considerablemente el consumo, producto de la mejor situación económica, recuperación originada por el rebote en el fondo del pozo, lugar al cual se llegó luego de la devaluación y pesificación asimétrica.
Los varios aumentos de salarios mínimos que otorgó el gobierno, para salvar de aquella situación de deterioro de ingresos de los trabajadores, se destinaron a una «mejor alimentación al estilo argentino»: más carne. Desde el año 2003, el consumo per cápita se elevó de 53,8 kg a 65 kg/ habitante/año.
• Grave
La faena de 2004 incluyó unas 400 mil toneladas adicionales a lo «normal», compuesta por 80.000 toneladas de novillos y 320 mil toneladas de vientres y terneros; como consecuencia de esa liquidación el precio interno no subió tanto. En estos primeros meses de 2005, la cuestión es grave porque ya no existe más esa posibilidad.
¿Qué se debe hacer entonces? Promocionar el aumento del stock ganadero mediante mecanismos de incentivos y no de castigos económicos. En la Argentina, y es un secreto a voces, faltan entre setecientos mil y un millón de terneros. Aquí está la solución. ¿Qué hacer para aumentar la oferta de terneros? La respuesta es «sí a la retención... pero de vientres: créditos para la retención de vientres, entre otros destinos, tal como ofrece el plan Fuerza Campo del ministro bonaerense Rivara y el mismo Banco Provincia. Asimismo, la verdadera revolución de la productividad ganadera, además de mejorar los índices de destete, se dará con la proliferación del «boyero eléctrico» que implica un mejor aprovechamiento forrajero.
Es necesario trabajar, en forma complementaria, sobre una nueva ley que enmarque la prenda ganadera considerando la identificación individual de los animales. La ganadería necesita pasar del viejo sistema de marcas y señales -identificación grupal- a un nuevo sistema de identificación individual de los animales; con ello habrá más créditos, mayor control sanitario y nuevos mercados externos, también mejor prevención de la salud pública, menos evasión y abigeato.
Brasil, en menos de 20 años, creció el consumo per cápita, de importador pasó ser primer exportador, vende tres veces más que la Argentina; todo ello porque aumentó la eficiencia productiva de sus rodeos.
(*) Con la colaboración del Dr. Ernesto Nava y del Dr. Alejandro Rodríguez.



Dejá tu comentario