6 de octubre 2001 - 00:00

Urge cambiar visión para la emergencia del campo

Al analizar el proyecto que modifica la actual ley de emergencia y escuchar a los dirigentes agropecuarios ponderar este nuevo instrumento que tendría que atender todos los siniestros que sucedan en el campo, me produce una gran decepción por la falta de visión moderna y de respuestas efectivas, para fijar nuevas políticas agropecuarias que le permitan al productor tener un marco más previsible para trabajar el campo.

Esta crítica tengo que hacerla extensiva a nuestros legisladores que promovieron este proyecto de ley, que solamente están corrigiendo matices de la actual ley de emergencia, sin llevarle ningún resultado concreto a los productores, bancos, provincias, municipalidades, etc.

Lo único que se consigue con esta ley son prórrogas de los créditos, de los impuestos, de las tasas y que al final se terminan pagando de una forma o de otra.


Quienes quieran ser partícipes de definir las políticas agropecuarias para el futuro, tienen que asumir que una ley de emergencia agropecuaria moderna tiene que convivir con coberturas de seguros agropecuarios. Hay que partir del concepto de que todo lo asegurable hay que cubrirlo con un seguro y lo no asegurable estaría cubierto por la ley de emergencia.

Responsables

El desastre y la catástrofe seguirán siendo responsabilidad del Estado, teniendo éste la posibilidad de tomar coberturas con reaseguradores internacionales para acotar sus riesgos. Al mismo tiempo un sistema que permita convivir a los dos sistemas -ley de emergencia-seguro agropecuario-le acota el costo al Estado de la primera franja del riego permitiéndole atender las emergencias no asegurables, los desastres y las catástrofes con más eficiencia y eficacia.

Para que pueda funcionar un sistema como el que planteo, es necesario incentivar, en la primera etapa, el uso del seguro que cubre el costo de indiferencia para implantar el cultivo. Es decir que el productor que tiene una caída de producción o la pérdida total de lo sembrado, pueda recuperar esa inversión para volver a sembrar al año siguiente. Entre las diferentes formas de incentivar su uso está la eximición de los impuestos de la prima y condicionar que los productores que están en zona que pueden asegurar y no lo hicieron, no van a ser atendidos con la ley de emergencia. Es necesario para tener un producto bueno y barato que se generalice a todos los cultivos y zonas del país, que estén en condiciones de asegurar. No hay que implementar ningún sistema obligatorio pero es fundamental crear mecanismos que induzcan al uso del seguro lo antes posible en forma generalizada.

Instrumento

Hay casi un convencimiento general entre los que están desarrollando este nuevo instrumento de política agropecuaria que no hay ninguna posibilidad de hacer un seguro multirriesgo efectivo, independiente por cada empresa de seguro. Es necesario desarrollar el seguro multirriesgo en conjunto entre todas las compañías para poder tener un producto que satisfaga al mayor número de productores y prestadores de servicios.

Al mismo tiempo le permita a las empresas acotar los altos riesgos que tiene el seguro agropecuario y trabajar junto con el Estado en sus políticas para complementarlas.Ya existen en el país planes incipientes bajo esta idea. El Banco Nación tiene un crédito con bonificación de tasa, si toma un seguro cubierto por las compañías que se unieron para trabajar. Hay algunos bancos y algunas empresas proveedoras de insumos que han aplicado el mismo sistema.

Lo mismo va a ocurrir con el novedoso plan piloto lanzado por la
SAGPyA para la futura siembre de trigo en marzo de 2002, donde van a contar con un pool de compañías de seguros y con el respaldo técnico del INTA. El costo del mismo es insignificante comparado con la cobertura propuesta.

Ha llegado la hora de que la actividad privada tome las funciones que puede delegar el Estado y asuma la gestión y los riesgos previsibles.

Esto no va a permitir poder exigirle al Estado que atienda en tiempo y forma las obligaciones que le corresponda, para permitirle a nuestros productores aumentar nuestra producción con más seguridad para sus inversiones que están todas hechas a la intemperie y ante un riesgo climático, estar en condiciones el año siguiente de volver a sembrar.

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