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CGT pide a Alberto F. más "centrismo" y que tome distancia de los Moyano

En la central obrera molestaron las fotos del Frente de Todos con el sector del camionero y de Máximo Kirchner con un excarapintada.

La convivencia en un mismo espacio electoral no disipó las diferencias y rencillas históricas entre la conducción de la CGT y los espacios opositores que giran en torno de Hugo Moyano. La fricción, incluso, amaga con ampliarse antes de octubre próximo y abre las puertas para eventuales deserciones de dirigentes hacia las ofertas de Roberto Lavagna e incluso la del Gobierno, ahora con el atractivo extra de la porción de peronismo que expresa Miguel Ángel Pichetto.

Como había adelantado este diario, la confirmación de la fórmula de Alberto Fernández y Cristina de Kirchner terminó por encolumnar al grueso de la dirigencia más tradicional del sindicalismo argentino. Incluso a referentes de sectores rivales y a quienes habían coqueteado con otros núcleos políticos. El límite, como siempre en el gremialismo más clásico, será la evolución de las encuestas.

Por lo pronto, pasadas apenas las primeras semanas de funcionamiento del binomio Fernández comenzaron los recelos entre sus patrocinantes sindicales. El almuerzo que la fórmula presidencial y la bonaerense de Axel Kicillof y Verónica Magario compartieron la semana pasada en la sede de la Asociación Bancaria, horas después del cierre de frentes electorales, incomodó a la “mesa chica” de la CGT, que tenía agendado un encuentro con Alberto Fernández en los primeros días del mes que quedó cancelado por la sorpresiva internación del postulante a raíz de un inconveniente pulmonar.

Los “gordos” de los grandes sindicatos de servicios y los “independientes”, de diálogo fluido con el Ejecutivo, no lo dirán en público pero el despliegue de ambas nóminas con un sector al que consideran enemigo interno no sólo los fastidió sino que les dio la pauta de que no serán la prioridad a la hora del reparto de eventuales candidaturas de extracción gremial en el Frente de Todos. Como beneficiarios directos de aquel almuerzo quedaron el dueño de casa, Sergio Palazzo; Hugo y Pablo Moyano con sus aliados; la Corriente Federal de Trabajadores y las dos CTA.

Tampoco favoreció a la “mesa chica” de la CGT el calendario: aunque hubiesen podido reprogramar el encuentro que tenían con Alberto Fernández, la mayoría de ellos debía viajar a Ginebra, Suiza, para participar de la cumbre anual de la Organización Internacional del Trabajo, la cita impostergable de roce con el primer mundo y entretenimiento del sindicalismo argentino. Con la vuelta de varios gremialistas a la Argentina la atención volvió a focalizarse en el tópico electoral y arrancaron los pases de factura.

Para la CGT sería un error de los Fernández recostarse, como hizo Néstor Kirchner al arrancar su mandato en 2003, en Moyano. Recuerdan que el camionero encabezó entonces una suerte de campaña de conquista y saqueo de espacios legislativos y sobre todo, ejecutivos, que mantuvo para sí hasta entrado 2011, el año de ruptura con Cristina. También destacan que entonces no dudó en erigirse como líder opositor y en encabezar la mayoría de huelgas contra el segundo mandato de la ahora senadora.

La dirigencia tradicional menciona dos fotos lesivas de la semana pasada como ejemplos de lo que no debería hacer el Frente de Todos si espera sumar electorado indeciso, del centro, y ganarle a Juntos por el Cambio: la de ambos binomios con el Frente Sindical por el Modelo Nacional y la de Máximo Kirchner con el excarapintada devenido en periodista Santiago Cúneo. Y, aunque ninguno de ellos amaga con abandonar un espacio por ahora bendecido por los sondeos, avisan que Luis Barrionuevo ya les tendió una alfombra roja en el sector de Lavagna a eventuales desertores de los Fernández y que Pichetto tiene un encargo similar en el oficialismo.

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