Ayudar a navegar la ola de la inteligencia artificial fue el desafío que se propusieron el neurocientífico Mariano Sigman y el economista y tecnólogo Santiago Bilinkis que tuvo como resultado el libro “Artificial. La nueva inteligencia y el contorno de lo humano” (Debate). Dialogamos con Bilinkis, también autor de “Pasaje al futuro” y “Guía para sobrevivir al presente”.
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“Como escritor, la IA es un excelente impostor”
Diálogo con Santiago Bilinkis sobre “Artificial. La nueva inteligencia y el contorno de lo humano”, que coescribió con Mariano Sigman.
Periodista: ¿Se ha naturalizado que hoy haya máquinas de pensar y que, en algunos casos, lo hagan mejor que la mayoría de los humanos?
Santiago Bilinkis: No, no creo que se haya naturalizado. Estamos viviendo un momento muy particular en el cual se habla muchísimo de inteligencia artificial, de I.A., y de las nuevas posibilidades que las máquinas van adquiriendo, pero a la vez la mayoría de las personas siguen de espaldas al fenómeno. Hago frecuentemente pequeñas encuestas en diferentes grupos y más o menos el 80 por ciento no utilizó nunca ninguna de las herramientas que están disponibles desde hace alrededor de un año. Cuando toman contacto con esas herramientas y descubren lo que pueden hacer la mayoría se sorprende, no lo imagina a pesar de todo lo que han oído al respecto. El momento actual es muy paradójico: hay mucha conversación sobre el tema, pero muy poco cambio real o contacto con lo que hoy es posible.
P.: Algunas informaciones son atemorizantes, enfatizan los riesgos de la Inteligencia Artificial, cambios en el trabajo, empleos que desaparecen…
S.B.: Los riesgos que se presentan desde las advertencias de personas como Elon Musk o lo que se escucha en los medios de los peligros de la I.A. aparecen para la gente de forma muy abstracta. La mayoría no se puede imaginar cómo un chat que contesta preguntas podría poner en riesgo la Humanidad. Algo parecido pasa con la eliminación de puestos de trabajo. Cuando un puesto se elimina no es obvio que haya sido por la Inteligencia Artificial. Cuando se piensa en el desempleo se consideran más los vaivenes de la economía, el auge o retracción de ciertos sectores, que en el reemplazo por máquinas, que es un escenario altamente probable, pero aún incipiente. Eso lo vamos a ver no solo en áreas industriales sino también en cognitivas. Vi una I.A. a la que se le dio una letra para que compusiera una canción que fuera mezcla de cumbia y reguetón. La hizo, y muy bien. No superó a Bizarrap, pero podría tener su audiencia. Yo no sabría escribir una canción en ningún género. La máquina puede. No entrega lo mejor creativamente, pero es en eso mejor que el 90 por ciento de nosotros. No hay una máquina que supere a los mejores, pero sí a la persona promedio.
P.: A Pérez-Reverte le mostraron una novela hecha en su estilo y dijo: está muy bien, pero quien conoce mí obra se da cuenta que es un mal plagio...
S.B.: Si se le pide a la I. A. que escriba como Borges, va a hacerlo mejor que la mayoría de nosotros. Es el mejor imitador de Borges, pero no es Borges. Es un excelente impostor.
P.: ¿En qué medida la I.A. que les resuelve las tareas es un problema para la formación de los jóvenes?
S.B.: Nosotros hablamos de “sedentarismo intelectual” comparándolo con el sedentarismo físico. Al eliminar necesidades que implican actividades físicas se da la paradoja que tenemos que ir al gimnasio a hacerlas, que debemos enfrentar problemas de salud por sedentarismo. Algo parecido asoma en la actividad cognitiva. Podemos apoyarnos en máquinas que nos liberan de ciertas tareas, pero que a la vez nos vuelven más inútiles. Es un problema serio en los jóvenes, en los que empiezan a resolver cuestiones cognitivas con el auxilio de una herramienta externa y no han aprendido a valerse cognitivamente por sí mismos.
P.: En 80 años la I.A. no avanzó ¿Qué la aceleró en la última década?
S.B.: Nació con Alan Turing en la Segunda Guerra Mundial, pero no existía ni el hardware ni el software para hacerla posible. El avance requirió de un avance gradual del hardware, el software, el conocimiento neurocientífico para poder montar redes neuronales. Tratamos de imitar un fenómeno que nosotros mismos no entendemos: la inteligencia humana. Todavía sabemos muy poco de cómo funciona el cerebro, por qué somos inteligentes, cómo se generan esos fenómenos misteriosos de la conciencia y la memoria. Es una búsqueda desafiante en lo tecnológico, en la oscuridad de no entender los mecanismos que hacían posible aquello que queríamos lograr; eso hace valioso llegar a buen puerto o a un puerto.
P.: ¿El futuro será la hibridación del humano y la máquina, el cyborg?
S.B.: Elon Musk con Neuralink trabaja en conectar cerebros con máquinas. Hasta acá Musk se propuso metas bastante descabelladas, pero ha sido bastante eficaz en lograr cosas que parecían imposibles; esta es una de ellas. Conectar cerebros a máquinas terminará sucediendo. Uno puede sentir mucho rechazo a la hibridación, en convertirnos en cyborgs, pero por ahí no tenemos opción. Si personas más osadas se conectan con máquinas y logran habilidades muy superiores, no sé si nos sería posible quedarnos disminuidos ante esos cyborgs. Me pregunto: ¿estaría dispuesto a que le pusieran un chip en el cerebro a mi hijo para que tenga más memoria y piense mejor? Ni loco. Hasta que mi hijo no pueda seguir el ritmo de dos de sus compañeros de clase que lo tienen. Es la dificultad de vivir en un mundo donde haya personas con inteligencia aumentada. Algo de eso ya había sido adelantado por la literatura fantástica. Pasa que la buena ciencia ficción acaba siendo ciencia; la realidad hace que vaya dejando ser cada vez menos ficción y algunas de sus ficciones se acaben materializando.
P.: ¿En qué está ahora?
S.B.: En entender la tecnología y comunicarla de modo que a personas no expertas les interese y puedan aprovecharla en su vida. Un terreno muy fértil son las redes. Si me cruzo con proyectos que me resultan atractivos, puedo llegar a jugar como inversor aportando capital o mi conocimiento en emprendimientos.


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