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Algunos hablarán de cansancio físico producto del desgaste de jugar dos partidos por semana. Tal vez, lo cierto es que Boca empató con Olimpo jugando de la misma manera como logró ganar muchos partidos. Antes, se hablaba de un «fútbol práctico», donde el equipo salía a buscar sus objetivos de entrada y luego con inteligencia- manejaba los tiempos del partido sin desgastar físicamente a sus jugadores. Ahora, como los resultados no lo están ayudando, ese fútbol pasó de ser «práctico a mezquino», y los empates son consecuencia de esa falta de ambición.
Lo cierto es que Boca sigue jugando al estilo que le imprime Bianchi y que le dio tantos éxitos en su carrera: presenta un juego vertiginoso que busca el desnivel y, cuando lo consigue, busca regular el ritmo de su juego, se retrasa para que el rival avance y, de esa manera, lograr espacios para el contraataque.
Esa fórmula le pudo haber dado muchos dividendos en los primeros minutos, porque, después del gol de Moreno (gran pase de Tevez), tuvo dos situaciones muy claras de Estévez para ampliar el marcador. No lo consiguió y, en lugar de desordenar al rival, permitió que se agrandara y esto, para sus planes, fue fatal.
Olimpo hizo un planteo muy digno, con cuatro defensores en línea y sin proyección ofensiva, cuatro volantes de los que se desprendía Fernández D'Alessio por derecha y Mannara por izquierda para habilitar a dos movedizos delanteros y con mucha experiencia como son Carrario y Castillo. Si tuvo algunas virtudes destacables fueron su paciencia y la férrea tesitura de mantener el orden.
También habrá que destacar que el gol del empate provino del único error defensivo de Schiavi.
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