Boca hizo pesar su mística copera en Brasil y con un triunfo se metió en cuartos
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Lo que restaba para los de Carlos Ischia era acertar en alguna respuesta filosa de Riquelme
o Dátolo para Palacio y Palermo. Una vez concretado esto, la serie estaría resuelta.
La primera de esas oportunidades la tuvo Palacio antes de la media hora, pero volvió a definir imperfectamente cuando dispuso de un inmejorable mano a mano con el arquero Fabio.
Sin embargo a los 36 minutos y con más dificultades, ya que debió enfrentar la marca de Jonathan, el bahiense enganchó de izquierda a derecha tras una habilitación de Dátolo y
clavó el balón en el ángulo izquierdo.
El tanto hizo mella en el ánimo de los dueños de casa y los jugadores boquenses, advertidos de esa situación, apretaron el paso para sacar mayor provecho en los pocos minutos que restaban para finalizar la etapa.
Y otra vez Dátolo, luego de combinar con Riquelme, le puso la pelota en la cabeza a Palermo a los 43 minutos para que el "Titán" también volviera a convertir como su colega Palacio.
El panorama para el segundo tiempo lucía entonces inmejorable para los argentinos, ya que podían disponer de tiempo y espacio a placer, jugando con la desesperación irremediable y las urgencias obvias de su adversario.
Pero innecesariamente Boca terminó metiéndose muy atrás, porque Riquelme cada vez tenía menos resto y Dátolo iba perdiendo de a poco ese ida y vuelta decisivo de la primera
etapa.
Esto le facilitó a los brasileños algunas llegadas con buenas chances ante un dubitativo Mauricio Caranta, hasta que a los 11 minutos Wagner enganchó de aire un centro y con una tijera de derecha clavó el balón en el ángulo derecho.
Los minutos subsiguientes fueron de zozobra para la defensa de Boca, que sobre los 20 minutos "padeció" un cabezazo del boliviano Marcelo Moreno en el poste izquierdo, tras un preciso centro del mencionado Wagner.
Pero después de esa acción los locales parecieron desmoralizados (debían convertir cuatro tantos para pasar), ya que se les había escapado una buena ocasión para achicar el recorrido a una clasificación que surgía más lejana en la medida que transcurrían los minutos.
Y entonces Boca, con los últimos restos físicos de Dátolo y Riquelme (hizo expulsar a Ramires) terminó manejando la pelota y dándole tranquilidad a la última línea, que recibía el apoyo no solamente de los volantes, sino también de Palacio y especialmente Palermo, que daban una mano en la recuperación en la zona media.
Esa fue la imagen de la estirpe copera de este Boca que ganó por el mismo resultado en la Bombonera y en el Mineirao, buscando ahora seguir haciendo historia ante Atlas, de México, su próximo rival en cuartos de final y con el que compartió zona en la fase de grupos.




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