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Boca era como un equipo partido en dos: ganaba fácil atrás, pero se diluía en el medio. Tanto, que las llegadas al gol, salvo dos salidas del arquero (que en una de ellas le costó el gol de Tevez tras notable taco de Palermo) no se condecían con tanto dominio de pelota. Boca se fue perdiendo en sí mismo, dudando a partir de ese mediocampo inconsistente, donde Cagna, Guglielminpietro, Cascini y Ledesma parecía que hablaban idiomas futbolísticos diferentes. Palermo poco podía hacer con las pelotas aéreas.
Mientras tanto, el equipo peruano fue ganando en confianza, prosperando algo en el terreno, pero lateralizando el juego, y se podría decir que nunca encontró huecos para el remate de media distancia. Abbondanzieri ganó en un disparo complicado, pero la situación no pasó de esa jugada aislada. Tal vez, lo único criticable de Cienciano fue cuando Boca hizo algún intento de rebasar la línea final, y el equipo peruanoapeló a alguna infracción por encima de lo normal.
Lo mejor de Boca pasó por la movilidad del «Guly» (primero, por izquierda y, luego, cambiando el puesto con Cagna) y, obviamente, el despliegue de Tevez, que comenzó como intrascendente puntero derecho y terminó por todo el frente de ataque imponiendo presencia y un gol para el recuerdo. Acertó Brindisi, dominó Boca, mejoró Cienciano con Saraz y Lobatón, pero hubo un penal a Tevez no cobrado y Cagna estrelló un remate en el travesaño. Lo demás es historia.
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