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De mayor a menor, fue muy bueno lo del cordobés Pablo Ledesma, un mediocampista por derecha con mucha dinámica y al que le hicieron el penal. También hubo chispazos de calidad en César La Paglia y de Silvestre, y mucha voluntad en Estévez y en Barijho.
Independiente pagó tributo a la falta de trabajo y a las lesiones de Franco y Olarra que le hicieron improvisar en defensa. La idea de Pastoriza se vio clara. Tres defensores, dos mediocampistas por afuera muy abiertos con mucha ida y vuelta y dos por adentro con más obligaciones defensivas que ofensivas, un enlace y dos delanteros movedizos. El que mejor entendió la idea fue Cristian Giménez, quien, por izquierda, fue jugador de toda la cancha. Aunque tuvo situaciones de gol, a Independiente le faltó contundencia ofensiva y sólo marcó con un golazo en contra de «palomita» de Alvarez.
En el segundo tiempo, y con el resultado a favor, Boca retrasó sus líneas y dejó venir a Independiente para jugar de contraataque y, así, en el último minuto, después de una corrida del juvenil Leandro Díaz, Colautti, con el pecho, liquidó el partido. Boca ganó con justicia porque siempre demostró ser superior.
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