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Carlos Bianchi y Carlos Ischia se conocen demasiado y, en su afán de sorprender al rival, los dos plantearon jugar en ofensiva sin especulaciones. Vélez empezó ganando con un gol de Zárate, después de un gran centro de Valdemarín y manejó el partido en los primeros minutos. Su «negocio» era que Boca saliera a buscar el empate y le cediera espacios para el contraataque. Eso pasó y tuvo dos oportunidades que no aprovechó, y Boca, de tanto ir a buscar, encontró primero el empate, en un raro gol donde Carlos Marinelli, queriendo conectar la pelota, cabeceó la testa de Alcaraz y le hizo marcar un gol en contra. Después desniveló con un golazo de Clemente Rodríguez con desborde y definición exquisita.
Así finalizó el primer tiempo y se creyó, conociéndolo a Bianchi, que en el segundo Boca saldría a especular, tratando de entretener la pelota lejos del área de Abbondanzieri, pero no fue así. Boca siguió cambiando ataque por ataque con Vélez, que con un cabezazo del uruguayo De Souza le empató el partido.
Boca se volvió a poner en ventaja con un gran remate de afuera del área del colombiano Vargas y allí llegó la orden de «congelar el partido». Las señas desesperadas de Bianchi eran claras «no se juega más», pero Vélez no pensó lo mismo y su técnico Carlos Ischia puso a Patricio Pérez y Santiago Bianchi para jugar sus últimas chances y le salió bien, ya que fue justamente Bianchi el que le empató al equipo de Bianchi en la primera pelota que tocó.
En definitiva, no ganaron ni Boca ni Vélez, pero ganaron los espectadores que vieron un partido con 6 goles y alrededor de 20 situaciones de gol.
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