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4 de diciembre 2011 - 10:29

El mismo resultado, distintas sensaciones

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Otra vez será. Argentina se lamenta en el podio, aunque esta vez no hubo reproches.
Las cuatro oportunidades que tuvo la Argentina para conquistar la Ensaladera de Plata, en 1981, en 2006, en 2008 y en 2011 por ahora se escurrieron como agua entre los dedos, aunque sólo en la de hace tres años partió como clara favorita. En las tres restantes, incluida la que acaba de escaparse en Sevilla, los candidatos naturales fueron Estados Unidos, Rusia y España, respectivamente.

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En Mar del Plata 2008, fue amplia favorita y perdió frente a una España sin Rafael Nadal. Este fin de semana, en el estadio olímpico de la Cartuja, el astro mallorquín se calzó el traje de héroe para darle un nuevo título a la Armada española, al apoderarse de dos de los tres puntos que condujeron al éxito. Hace tres años, las diferencias entre Juan Martín Del Potro y David Nalbandian acapararon la atención, casi en paralelo con lo sucedido en 1981 ante Estados Unidos con Guillermo Vilas y José Luis Clerc, quienes no se hablaban y entrenaban por separado. No obstante, jugaron los tres puntos y el dobles. Del otro lado los esperaban John "Big" McEnroe y Peter Fleming, de los mejores doblistas en ese entonces.

Si bien fue derrota por 3-1, la Argentina coqueteó con la hazaña. El primer punto lo perdió Vilas ante McEnroe por 6-3, 6-2 y 6-2. En el segundo, Clerc venció a Roscoe Tanner por 7-5, 6-3 y 8-6. El dobles pasó a ser decisivo. En un maratónico match, Fleming y McEnroe vencieron a Clerc-Vilas en el último set (6-3, 4-6, 6-4, 4-6 y 11-9). Después, en el tercer punto, "Batata" le dio batalla a McEnroe, pero terminó perdiendo por 7-5, 5-7, 6-3, 3-6 y 6-3.

En 2006, el objetivo tampoco era moco de pavo. Como visitante ante Rusia, Marat Safin, Nikolay Davydenko, y Dmitry Tursunov- Safin eran los escollos a sortear. Davydenko superó a Juan Ignacio Chela en el primer punto en cuatro sets, pero después Nalbandian igualó la serie al vencer a Safin en sets corridos. En el dobles, Calleri-Nalbandian no pudieron ganar su punto, y nuevamente David igualó la serie. La definición quedó en manos de José Acasuso, quien cayó ante Safin por 6-3, 3-6, 6-3 y 7-6(5).

Sin embargo, ninguna final perdida caló tan hondo como la de 2008, fundamentalmente por el conventillo que se armó en torno a las dos estrellas nacionales. Sin Nadal, el camino asomaba allanado para la gloria: Nalbandian había ganado el primer punto ante David Ferrer, el rival a vencer, pero un lesionado y cansado Del Potro no pudo con Feliciano López y lo que sonaba a trámite se complicó. Tras la caída en el dobles, se desató la crisis y se profundizó la interna: el cordobés le reprochó al tandilense haber disputado el Masters de Shanghai la semana previa. Por la lesión de "Delpo", una vez más la serie volvió a quedar en la raqueta de Acasuso, quien perdió ante Fernando Verdasco por 3-6, 7-6(3), 6-4, 3-6 y 1-6.

El contrapunto de aquella fatídica serie en Mar del Plata fue la que se desarrolló este fin de semana en Sevilla. La estrategia diseñada por Modesto "Tito" Vázquez no tuvo fisuras. Incluso el dobles integrado por Nalbandian y Eduardo Schwank, una novedad sin antecedentes, se erigió como uno de los aspectos más valorables. Es que en singles, la Armada ahora sí contaba con el ancho de espadas y el de bastos para la definición. Con Rafael Nadal y David Ferrer, los dos mejores exponentes sobre arcilla del circuito, se presagiaba una resolución de alto desgaste físico y mental. De ello dio cuenta Del Potro, quien superó las ocho horas en cancha en el acumulado de ambos partidos, en los que peleó a destajo hasta la última bola, a pura potencia, moviendo a sus adversarios. Pero del otro lado, siempre lo obligaron a jugar una pelota más, como para que tuviera en claro que ni sudando la gota gorda les podría torcer el brazo. Esta sensación de haberlo entregado todo, sin escatimar empeño en ningún momento, es antitética con la daga venenosa del 2008. Permitió dar vuelta una página nefasta y dejar entreabierta la puerta de la esperanza para el 2012 a ese trofeo tan esquivo como anhelado para la Argentina.

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