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Sin dudas, la actuación de Federer durante todo el torneo, que lo transitó en forma invicta, ganándole dos veces en ese lapso a Andre Agassi y dejando en el camino, además, a Nalbandian, Ferrero, y al actual Nº 1 del mundo, Andy Roddick fue brillante a todas luces, porque además demostró que su nivel tenístico está aún en alza, que se ganó con creces su condición actual de Nº 2 en el ranking y que es el merecedor del millón y medio de dólares que el torneo tenía reservado para el mejor.
Enfrentar a Agassi -como quedó demostrado en todo el torneo-no era empresa fácil para nadie. La final no fue la excepción, porque Federer debió apelar a todos sus recursos, a su gran serenidad, templanza y fundamentalmente a sus grandes dotes personales, para ir sacando ventajas en forma permanente, aprovechando cualquier resquicio o circunstancia que le presentara su rival para sacar la pequeña luz de diferencia que le permitiera llegar al triunfo.
El suizo siempre se mostró decidido a no claudicar. En la paridad inicial, jugó cada punto como si fuese el último, trató de anticipar las pelotas que llegaban del lado opuesto en base también a velocidad y ganó la red para sorprender con envíos potentes hacia los laterales. Agassi se vio superado, algo que quedó en evidencia, aunque recién en el segundo set, donde perdió por un categórico y contundente 6-0 que no había soportado durante todo el año. Más parejo fue el tercero, donde estuvieron punto a punto hasta que Federer quebró en el noveno para ponerse 5-4, a un paso de este triunfo tan amplio como lógico, si se tiene en cuenta el andar de todos los jugadores en este máximo torneo.
Desde Ferrero, que no pudo sacar un solo punto, hasta las actuaciones de Moyá, Nalbandian y Coria, que se quedaron en la puerta de las semifinales, la sorprendente actuación del alemán Rainer Schuettler o Andy Roddick, que debieron quedarse en la antesala de la final, dieron un espectáculo que superó expectativas.
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