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14 de diciembre 2007 - 00:00

Ganó bien, pero sin sobrarle nada

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Kaká, con su habilidad, fue el factor desequilibrante para el triunfo del Milan sobre Urawa Red Diamonds. El domingo el equipo italiano enfrentará a Boca en la final del Campeonato Mundial de Clubes.
Milan cumplió con la lógica y definirá el domingo próximo el IV Campeonato del Mundo de Clubes ante Boca, tras vencer, sin sobrarle nada, al Urawa Red Diamonds de Japón por 1-0, en el estadio Internacional de la ciudad de Yokohama.

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El gol que le dio la clasificación al Milan lo convirtió el holandés Clarence Seedorf (quien jugó una final intercontinental ante Boca, en Japón, luciendo la casaca del Real Madrid) a los 23 minutos del segundo tiempo.

El domingo venidero se jugará la final en el estadio Nacional de Tokio a partir de las 7.30 de Argentina. Previamente, a las 4.30, se definirá el tercer puesto entre Urawa Red Diamonds y Ethoile du Dahel de Túnez.

El ganador del mundial embolsará 5.000.000 de dólares, en tanto que el segundo ganará 4.000.000 y el tercero
2.500.000.

Ganó Milan y fue justo, aunque no le sobró nada y tuvo que luchar contra su falta de ideas y sus limitaciones ante un adversario que, salvo un breve lapso en el segundo tiempo, se dedicó a esperar lo que proponía el adversario sin tomar riesgos.

No sorprendió a nadie que el Milan monopolizara el balón, pero a esa posesión le faltó una cuota de fútbol y sorpresa elemental como para obtener la diferencia en el arco rival.

Milan falló por el escaso aporte de Andrea Pirlo (sólo se notó ante algún tiro libre) y las contadas apariciones del brasileño Kaká, aunque la calidad de la estrella del equipo italiano quedó expuesta en todo su esplendor en la jugada previa al gol. Urawa mostró lo esperado: mucha presión sobre el rival, loable despliegue, pero sin ambición y el deseo de asumir riesgos en pos de dar el «batacazo».

A los 23 minutos del segundo tiempo se consumó lo inevitable, el gol del campeón europeo. Tiro libre ejecutado con rapidez, Kaká desbordó por la derecha, dejó en el camino a Tsuboi y se la cedió a Seedorf, quien entrando en posición de nueve tocó de zurda ante el indefenso arquero Tzusuki.

El resto fue algo de « rebeldía» de los japoneses al observar que moría la chance de llegar a la final, y el conformismo del Milan, con la menteen Boca y pensando en el desquite de aquella final del 14 de diciembre de 2003, cuando los argentinos le ganaron la Intercontinental en definición con tiros desde el punto penal.

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