El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Seguramente, Ramacciotti sabía que había que definir lo más rápido posible. Todo Gimnasia -sin descuidar las espaldasganó alrededor de veinte metros en ofen-siva. Con eso, ganó en que los paraguayos no pudieran hacerse cómodo de la pelota, de recuperar el patrimonio del juego con cierta facilidad y golpear en ataque.
Para ese funcionamiento contó con la salida de Pautaso, Leiva y Sanguinetti, la presencia de Sosa en el área, con la movilidad de Lobos (desde el medio hacia la izquierda) y el infatigable andar de Enría. Gimnasia tuvo ritmo y llegada con posibilidades. Por lo menos, hasta que Lobos mandó a la red. Tanto que el arquero Tavarelli tuvo que soportar algunos revolcones complicados. En la medida en que Gimnasia aflojó marcas, Olimpia se fue animando. Primero con Quintana y después con Córdoba y Benítez, Alguna pelota por elevación y un par de remates desde fuera del área sirvieron para desnudar algunas situaciones. Por ejemplo, que Gimnasia era más atacando que defendiendo. Pero ahí afloró Olave y no pasó a mayores. Sin embargo, el juego es así: cuando faltaban dos minutos, llegó un centro a «la paraguaya», cabezazo y empate. El fútbol no sabe de merecimientos.
Dejá tu comentario