Juventus podría ser despojada del scudetto 2004-05, inhibida del campeonato que podrá ganar este domingo y hasta perder la categoría, de comprobarse su "responsabilidad objetiva" en el escándalo que conmueve al fútbol italiano.
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"Si la responsabilidad de Juventus es directa, la pena es la retrocesión al último puesto en la tabla de posiciones o la exclusión del campeonato investigado", dijo el abogado Mattia Grassani, uno de los mayores expertos en el tema.
Esto significaría no sólo quitarle a Juventus el título de la anterior temporada sino también mandarlo al descenso, con el ulterior y automático veto a disputar la actual Liga Italiana, que concluye este domingo.
La situación de Juventus quedó seriamente comprometida tras la filtración de escuchas telefónicas entre sus dos principales dirigentes, el administrador delegado Antonio Giraudo y el director deportivo Luciano Moggi, a quienes el club podría despedir este mismo jueves.
Moggi, a su vez, podría ser suspendido por tres años o expulsado de por vida del fútbol, según el artículo que firmó hoy Grassani en las páginas de La Gazzetta dello Sport. En una de las escuchas, del 26 de septiembre de 2004, Giraudo se queja ante Moggi porque el árbitro Antonio Dattilo "no fue lo sucientemente vivo" y no "diezmó a Udinese" en su partido anteBrescia, pues el primero enfrentaba luego a Juventus.
"Por lo menos", expulsó al checo Marek Jankulovski, le contesta Moggi, quien en otras numerosas escuchas pide árbitros pro Juventus al propio designador de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) Pierluigi Pairetto.
El escándalo creció hoy con nuevos pedidos de indagatoria a dirigentes de la firma GEA, del hijo de Moggi, Alessandro, en una lista que podría incluir también a un nuevo árbitro de la Serie A, Stefano Farina, quien rechazó los cargos.
Además de Farina, mencionado hoy en su portada por el diario Corriere della Sera, la Fiscalía de Roma tiene bajo la mira a Massimo De Santis (designado para el Mundial), Marco Gabriele y Luca Palanca, sospechados de favorecer a clubes amigos de GEA y de Juventus.
"Hay que parar con este linchamiento", se quejó De Santis, cuyo Mundial corre riesgo, pues la FIGC ya suspendió provisoriamente a otros cuatro árbitros supuestamente implicados en el escándalo: los internacionales Paolo Bertini, Paolo Dondarini y Matteo Trefoloni, además de Antonio Dattilo, a quienes también se uniría Steffano Cassara.
La suma de árbitros suspendidos o implicados llega ya a ocho.
La situación de la GEA es cada vez más delicada, después que otros dos de sus máximos dirigentes, Franco Zavaglia y Chiara Geronzi, terminaron hoy indagados por la Fiscalía de Roma, queagregó sus nombres a los de Luciano y Alessandro Moggi.
Las Fiscalías de Roma y Nápoles, como así también la de Turín, comenzaron hoy a intercambiar información por las distintas causas que investigan tanto a Moggi como a la GEA de su hijo Alessandro.
Se supo también que uno de los dos vicepresidentes de la FIGC, Innocenzo Mazzini, fue excluido hoy de la delegación que representará a Italia en el Mundial.
La comunicación se la dio su colega Giancarlo Abete, después que Mazzini apareciese fuertemente comprometido en las escuchas telefónicas en poder de las Fiscalías de Roma y Nápóles y también de la propia FIGC.
Abete, a su vez, asumió provisoriamente la presidencia de la FIGC tras la renuncia el lunes de Franco Carraro, cuya imagen, a un mes del inicio del Mundial, quedó seriamente afectada tras los escándalos.
La Oficina de Investigaciones de la FIGC, encabezada por el general Italo Pappa, interrogó hoy durante ocho horas consecutivas a Manfredi Martino, secretario de la ComisiónNacional de Arbitros (CAN).
En medio del escándalo, la FIFA notificó el lunes que Italia, junto con México, será el único país con dos árbitros titulares para el Mundial, pues a De Santis sumó el nombre de Roberto Rosetti.
"Yo este Mundial me lo gané y no lo tiro por nada del mundo", afirmó De Santis, quien advirtió que "los árbitros italianos no estamos dispuestos a esta masacre porque nos habremos equivocado dentro del terreno de juego, pero jamás afuera", afirmó.
"Siempre fuimos correctos y nuestra dignidad es la más alta, del primero al último. Y estamos dispuestos a cualquier confrontación judicial porque no tenemos nada que esconder.
No somos revolucionarios, sino personas que quieren afirmar su dignidad y exigen respeto", concluyó De Santis.
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