Hernán Crespo, con su cabellera al viento, lucha con dos defensores alemanes. La vuelta del goleador fue uno de los puntos fuertes de una selección que no jugó bien.
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No jugó bien, pero paradójicamente pudo haber ganado el partido. José Pekerman determinó una formación insólita con Duscher y Sorín de «doble cinco», Burdisso (que no juega en el Inter) como zaguero titular y Heinze de lateral izquierdo, con obligación de ser salida por su costado. El técnico pareció darse cuenta de su error y, en el segundo tiempo, lo corrigió con las entradas de Cambiasso (el mejor jugador argentino del partido) y de Maximiliano Rodríguez, en la reanudación, y de Galletti por Duscher sobre el final para buscar el empate.
Alemania presionó con orden en la mitad de la cancha y se llevó la mayoría de las pelotas divididas. Como consecuencia de ese dominio llegó el penal --inocente de Burdisso a Kuranyi en un córner-y el equipo de Klinsmann se puso en ventaja. Luego del gol, Alemania siguió dominando campo y pelota, pero en un contraataque Sorín simuló una caída en el área, y el árbitro italiano cobró penal, que Crespo transformó en gol. No extrañó tampoco el gol de Kuranyi (distracción de Milito y de Heinze y cierre tardío de Burdisso), pues fue una consecuencia del mejor juego alemán. En el segundo tiempo, cambió todo. La Selección argentina empezó a encontrarse con su mejor juego. Cambiasso marcó los tiempos, y a su ritmo, aparecieron Riquelme y «Maxi» Rodríguez para entretejer un juego más dinámico. La entrada de Galletti hizo retroceder a un equipo alemán, que ya no presionabacon el mismo énfasis. Empató Crespo con un golazo, enviando por encima del cuerpo de Lehmann, después de un gran pase de 40 metros de Cambiasso. Justamente Crespo, el centrodelantero que volvió a la Selección con dos goles, y un Cambiasso que le cambió la cara el equipo cuando el partido pareció tomar los caminos del inicio. Los dos argentinos fueron los mejores de un equipo que empató pero quedó en deuda.
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