Lionel Messi driblea entre varios australianos, pero no puede encontrar espacios.
La Selección ya está clasificada y, aunque todavía no luce, con algunos chispazos de sus individualidades le alcanza para avanzar en los Juegos Olímpicos y seguir mostrando su «chapa» de candidato.
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A Australia le ganó con total justicia y si tardó 76 minutos en marcar el primer gol fue porque se encontró con un rival que se defendió con 8 hombres permanentemente en su campo y muchas veces dentro de su área.
Lo bueno que tuvo el equipo argentino fue que no renunció a su esencia futbolística, siempre intentó a ras del piso, sin tirar pelotazos a dividir, ni centros buscando una cabeza salvadora. El gol fue una muestra de talento individual y colectiva, iniciado lujosamente con una doble pared entre Messi y Riquelme y culminada por Lavezzi con un toque cruzado después de un pase-centro de Di María.
La Selección siempre buscó y, aunque Agüero repitió su floja actuación como ante Costa de Marfil, tuvo variantes ofensivas con un Lavezzi muy activo, con Messi y Riquelme que se buscaron siempre y con remates de media distancia de Mascherano y Monzón.
Australia jugó con un solo delantero y esperando pacientemente un error de Argentina para acercarse a Ustari. En el primer tiempo tuvo una Thompson ante una falla de Monzón, pero el delantero pateó muy desviado, y en el segundo su reemplazante Rukavytshia tuvo otras dos, sorprendiendo con su velocidad, pero chocó ante un seguro Ustari. Fueron casi las únicas veces que los oceánicos salieron de su campo, porque el resto del tiempo lo gastaron en defenderse inclusive cuando perdían.
Ante tanto afán defensivo, la Selección tuvo paciencia y siguió intentando con un Messi muy movedizo, que apilaba rivales pero siempre le quedaba uno más y con Riquelme tocando y tocando para abrir a una defensa que parecía imposible abrir.
Todavía no se vio a la Selección en su esplendor. Tuvo chispazos de Messi y Riquelme, que son sus dos figuras estelares compartiendo sin celos el cartel principal y ayer recuperó a un Lavezzi desequilibrante, que se suma a Di María, que ingresando desde el banco siempre marca diferencias.
Falta acoplar al equipo a Agüero y que Monzón mejore en la marca, porque demostró que proyectándose puede ser una buena variante de ataque. Por eso, a pesar de que todavía no rindió como se esperaba, la posibilidad de ganar la Medalla de Oro está intacta, porque potencialmente es un gran equipo.
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