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18 de septiembre 2003 - 00:00

Más que un partido para River

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Lo real fue que minutos después, cuando todo el equipo (incluso Ruggeri) se quedaba protestando por una salida lateral, la pelota llegó de derecha (donde ocurrió) al lateral opuesto, se fue Virviescas, puso un centro perfecto y el cabezazo de Cavenaghi quedó lejos del esfuerzo de Islas. Fue el derrumbe de todo Independiente. Cuando todavía podía haber esperanzas.

Es cierto que estas situaciones pueden dar para la polémica, pero un gol de diferencia no es determinante en ningún caso. Sin embargo, dos minutos después, cuando todo Independiente iba a intentar (con un timorato adelantamiento) el empate, pues por lo visto tenía alguna posibilidad, porque su rival no se había mostrado muy superior), llegó esa entrada de Montenegro, que cruzó sobre el arquero para gritarlo con todas sus ganas. Una diferencia que a partir de ahí se hizo ostensible y determinante.

River había planteado un partido con mucha gente desde el medio hacia arriba e Independiente desde el medio hacia abajo. En realidad, daba la impresión de que Pellegrini contaba con mejores argumentos para el planteo, porque Virviescas por un lateral, Coudet por el otro y con la salida permanente de «Lucho» González, Ludueña, Montenegro y Cavenaghi y hasta con Pereyra ponía siempre algo más, aunque sólo fuera por presencia.

Ruggeri prefirió --seguramente-un planteo más conservador. No dejar que River se vaya armando en el medio, aunque con una brecha entre Vigna, Quinteros y Zurita con una defensa de cuatro en línea y, lo que era más problemático, esperando que se junten Hugo Morales, Giménez y Marioni, que aunque no lo hicieron seguido, cuando lo lograron desnudaron desacoples en el fondo de su oponente y crearon tres situaciones claras para convertir. Y fueron oasis en el desierto, que tienen valor a la hora de justificar una diferencia en el resultado. Mejoró con el ingreso de Manso (por Vigna), pero River quedó para la réplica y Cavenaghi puso el tercero, luego un «taquito» y logró el cuarto, podría decirse que lapidario (más allá del descuento de Marioni). Una diferencia tan contundente como significativa.



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