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River siguió padeciendo los mismos problemas de los últimos partidos. Una falta de actitud alarmante en sus jugadores, quizás atados por los nervios, pero parecía que estaban jugando un partido de práctica y no querían arriesgar las piernas. Tácticamente, siguió jugando con cuatro defensores, ya que Ahumada actuó de lateral izquierdo, con el agravante de que, por ser diestro, no tenía perfil para proyectarse al ataque.
Libertad mostró sus virtudes y sus defectos. Un mediocre equipo paraguayo con graves problemas defensivos y muy dependiente de la habilidad de Derlis Soto para atacar. Tuvo la actitud que le faltó a River y con eso le complicó mucho las cosas a la defensa rival, tanto que hasta se puso en ventaja con un gol de cabeza de Héctor Benítez.
Pellegrini puso a Fuertes por Coudet y después hizo entrar a la «Gata» Fernández por Darío Husaín buscando variantes ofensivas. Le salió bien, porque Fuertes, con voluntad y con ganas, hizo mucho más que sus compa-ñeros y participó de los tres goles: convirtió el primero de cabeza, tiró el centro del segundo y marcó de penal el tercero.
Con el resultado en contra, Libertad se desordenó y, aunque tuvo dos situaciones propicias para empatar, dejó huecos para que River los aproveche de contraataque. En uno, Gastón Fernández lo hizo expulsar a Benítez que, aunque hizo el gol de Libertad, fue el peor de la cancha; y en el segundo, Espínola le cometió el penal a D'Alessandro.
Ganó y es un triunfo esperado que servirá para retemplar el ánimo, pero este River volvió a mostrar las dudas y los errores que le hicieron perder los últimos partidos. La diferencia fue que esta vez se encontró con un rival inferior que le «perdonó la vida». Por eso ganó, pero no le sobró nada.
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