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17 de octubre 2005 - 00:00

Un clásico que no va a pasar a la historia

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Así lo marcaron a Bilos. San Martín de frente y Santana atrás. Boca y River se respetaron demasiado y terminaron aburriendo.

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River no venía bien y tenía la oportunidad de revertir su imagen, mientras que Boca tenía que confirmar su carácter de puntero y justificar el favoritismo que provocaba a la hora de los pronósticos. Ninguno de los dos cumplió, pero tampoco defraudaron en forma total.

River presionó la pelota sobre la mitad de la cancha, y con la habilidad de Gallardo y el colombiano Radamel Falcao García tuvo un par de situaciones como para abrir el marcador.

Boca estuvo contenido en su mitad de la cancha. Bilos, bien marcado por San Martín, no gravitó en el partido y entonces se perdió en los toques de Gago y Battaglia, muchas veces lujosos, pero poco efectivos a la hora de atacar.

En Boca sus jugadores más importantes defeccionaron. Palacio parecía escondido detrás de sus marcadores y como distraído, muy lejos de aquel delantero desequilibrante, mientras que Palermo luchó con Talamonti y Leandro Fernández, pero perdió inexorablemente, sin aprovechar su mayor estatura para cabecear. El mejor ofensivamente fue Federico Insúa, que aunque tuvo intermitencias en su actuación siempre apareció libre para juntarse con sus compañeros.

Defensivamente se notaron algunos desacoples entre Schiavi y Daniel Díaz que fueron bien aprovechados por Radamel García para generar peligro.

El juvenil delantero colombiano fue el que mejor aprovechó el clásico, porque aunque no convirtió ningún gol demostró que tiene condiciones como para jugar en la primera de River y hasta le cometieron un penal que Rafael Furchi, de floja actuación, no cobró.

River, teniendo en cuenta sus últimas actuaciones, mejoró en todas sus líneas. Su defensa estuvo atenta y segura, anticipando siempre a Palermo y rechazando de cabeza los centros de Boca, a pesar de tener jugadores con menos estatura que los rivales. En la mitad de la cancha, entre San Martín y Santana se complementaron para marcar a Bilos, y el «grandote» muy pocas veces pudo zafar de su marca y desbordar por izquierda. Zapata trabajó más en función defensiva que ofensiva, sin el trajinar por su lateral de costumbre, pero ayudando mucho en la contención, y Gallardo, sin brillar, tuvo una aceptable actuación, aunque debió salir extenuado faltando 15 minutos porque sintió la falta de competencia.

Adelante, Montenegro fue inteligente para ubicarse y ser el socio de Gallardo, y lo ya expresado de Radamel García.

El empate no le sirve a ninguno de los dos. Boca sigue siendo el puntero del Apertura, pero ahora tiene a Vélez a un solo punto y todavía no lo enfrentó, mientras que River con este punto sigue navegando por la mitad de la tabla sin expectativas de campeonato.

Se puede decir que el partido fue malo porque se respetaron mucho, aunque la verdadera palabra es que se temieron.

River armó un esquema para anular a los jugadores más peligrosos de Boca y éste, después de dos sobresaltos con Radamel García, renunció a mandar al ataque a Calvo y dosificó las proyecciones de Krupoviesa. El cero a cero fue la consecuencia lógica de lo poco que arriesgaron por miedo a perder. Fue un clásico más, que no pasará a la historia ni tendrá repercusiones con afiches en las paredes, porque no dio ni para la broma clásica.

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