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8 de abril 2002 - 00:00

Un empate de River que le duele y lo intranquiliza

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San Lorenzo le planteó un partido, primero, «a todo pulmón». Tapar la salida desde tres cuartos de cancha y superponer escalonadamente gente para evitar que Coudet ganara con facilidad la última línea por el lateral derecho, y hacer que D'Alessandro se quedara con la «pisadita» intrascendente y que Cambiasso quedara preocupado en defensa, donde menos peso tiene.

El partido tuvo diferentes dueños. Primero fue San lorenzo, cuando Zurita se hacía fuerte en la marca y Franco lograba hacer circular la pelota (por la derecha) y formar un circuito con Piombo, Di Lorenzo y Sarría para confundir a su rival. River tuvo su momento cuando San Lorenzo aflojó marcas. Garcé se hizo eje de la salida, Rojas comenzó a insinuar algún ataque con pretensiones, pero D'Alessandro no estaba en la misma sintonía y Cambiasso debía recorrer largo trecho para tomar contacto con Cavenaghi y Maximiliano López (mucho menos Esnaider). Quedaba Husaín, perdido entre su doble función de marca y creación. River llegó a poner a San Lorenzo sobre su área, pero no lo lastimó.

Sin la imposición de una cuota de juego armonioso de ninguno de los dos, el juego se hizo trabado, duro, peleado en el medio, sin muchas posibilidades de gol. Si se cuentan los momentos de peligro que tuvieron Saja y Comizzo, se podría decir que fueron similares. Muy poco para un clásico.



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