Mauro Zárate abre sus brazos y festeja el gol que le dio el Mundial a la Selección argentina
(arriba). La felicidad de los chicos argentinos. Romero alza la Copa del Mundo y Banega
se la pide ante la mirada de los demás. La Selección obtuvo el sexto título mundial de la
categoría (abajo).
Hubo final feliz. La Selección argentina Sub-20 es campeona del mundo otra vez. Ya había demostrado a lo largo del torneo que era el mejor equipo, pero faltaba el último paso. El más difícil, el que culmina una actuación o la frustra, como les pasó a los mayores en la Copa América; los dirigidos por Tocalli lo superaron con mucha categoría al vencer a un seleccionado checo muy fuerte que complicó con su fútbol físico y su diferencia de estatura.
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Sin Di María, lesionado, y con Cahais y Yacob suspendidos, Hugo Tocalli tuvo que improvisar una formación que nunca había jugado junta. Hizo debutar a Leonardo Sigali de lateral derecho y mandó a Mercado de zaguero junto a Fazio, y arriba volvió a la dupla entre Agüero y Mauro Zárate, aunque se notó que el ex jugador de Vélez no estaba en su plenitud física.
El partido fue muy parejo y cerrado. La Selección argentina tenía la pelota desde la habilidad de Maximiliano Moralez, pero los checos de contraataque y con mucha movilidad creaban situaciones de gol, quizá más peligrosas que las de Argentina.
El zurdo Tomas Micola complicaba con sus desbordes y el centrodelantero Fenin estaba siempre activo, aunque muy bien marcado por Fazio y Mercado.
Romero, que se equivocó en algunas salidas, tuvo dos grandes atajadas que impidieron que Argentina se fuera al vestuario perdiendo al término del primer tiempo.
En el segundo, Tocalli ajustólas marcas y, con dos cambios posicionales (Sigali pasó de volante adelantando a Banega, casi como enganche, y Mercado fue a la derecha a hacer marca personal a Micola), mejoró mucho el trabajo del equipo.
Banega, que no había jugado bien en el primer tiempo, empezó a ser el socio de Moralez en la creación y a partir de allí Argentina se convirtió en dominador.
Sin embargo, en el mejor momento de la Selección, República Checa se puso en ventaja con un desborde de Strestik por derecha que aprovechó Fenin para de media vuelta desairar a Fazio y derrotar a Romero.
Argentina no se desesperó y siguió intentando con su fútbol característico de pelota al piso y toque seguro y elegante. Así consiguió el empate con un gran pase de Banega que Agüero definió con mucha calidad.
A partir del empate, hubo un solo equipo que buscó el triunfo: Argentina, con un Moralez magnífico que dominó y creó muchas situaciones de gol que hicieron lucir al arquero Petr. Parecía que el partido tenía destino de alargue, pero Mauro Zárate (que había jugado muy mal y había abusado del individualismo) desbordó por izquierda y remató al arco sin mucha fuerza; la pelota le picó en el área chica a Petr y tomó velocidad superándolo por sobre sus brazos; fue el gol del campeonato, el que definió un Mundial Sub-20 que se lo llevó el mejor, el que siempre intentó jugar y el que tuvo mayor «fair play», aguantándose golpes descalificadores sin protestar nunca y volviendo a pedir la pelota en la jugada siguiente para intentar atacar otra vez. Un equipo característico de la escuela de Pekerman, con un Tocalli que siempre fue su «mejor alumno».
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