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Dolores Casares: un arte oriental e hipnotizador

En 2012, Dolores Casares presentó unos cubos de acrílico en la Galería Aldo de Souza. Llamó entonces la atención el rigor formal con el que esos cubos estaban atravesados por hilos de nylon y agujas de acupuntura, que daban lugar a ritmos y formas cambiantes de rectas y curvas sutilmente iluminadas. Un trabajo de carácter cinético con artilugios que hipnotizaban al contemplador, palabra que se debería reemplazar, ya que la obra lo invita a desplazarse por esas transparencias de juegos ópticos.

Hacia 2014 Casares incursionó en la arquitectura a través de su serie "Arquitectura de un sueño", instalaciones con bases de acero, torres de acrílico, agujas de acupuntura y luces LED en movimiento. En la serie de "Ciudades", las torres de acrílico son más complejas porque el vacío, que nunca fue total, va a ser ocupado por una intrincada red de entrecruzamientos de agujas que, metafóricamente, podrían ser edificios habitados. Su trabajo demuestra destreza, paciencia oriental con la que obsesivamente construye su obra, paz para que toda esta conjunción revele su valía interna y no meramente un bello exterior.

Su actual muestra en el Espacio Quadro-Arte Contemporáneo, se titula "Siete maneras de respirar", que remite a la estética taoísta tan inclinada a establecer, por ejemplo, "los seis cánones de la pintura china", "las doce cosas a evitar", "las catorce reglas sobre dónde y cuándo tocar el laúd" o "los cinco defectos del proceso de escribir. La artista comenta que una de las obras centrales de la muestra es "Homenaje a Tanizaki", 12 piezas de acrílico con agujas de acupuntura, hilos de nylon, iluminación LED, estructura de metal con papel de algodón. Una estructura de carácter teatral que se origina en "El Elogio de la Sombra" del escritor japonés Junichiro Tanizaki (1886-1965), ensayo sobre la arquitectura japonesa en la que señalaba lo fundamental de captar el enigma de la sombra. Otra de las frases de ese ensayo se refiere a "que la belleza pierde toda su existencia si se suprimieran los efectos de la sombra".

Con esto juega Dolores Casares en ésta y otras obras que se continúan en la pared, un dibujo que se refleja, la luz y la sombra se confunden, convirtiéndolas en enigmáticas. Este hecho se enfatiza en ese momento mágico del crepúsculo que invadía la galería al momento en el que rodeábamos las obras. No pueden dejarse de mencionar los excelentes trabajos en papel, fragmentos arquitectónicos en los que emplea hilos de seda, también hipnóticos por su resolución y juego óptico, que seguramente tienen origen en su capacidad para bordar de manera no convencional que ejercitaba en antiguos bastidores (Av. Libertador 14.354).

Felisa Gradowczyk (Buenos Aires), licenciada en psicología, es miembro fundador del Instituto Argentino de Análisis Bioenergético, egresada de la escuela de Maestría en Energía de Arizona, EE.UU. En su carrera artística estudió cerámica con José Lanús y Leo Tavella y escultura con grandes artistas, entre ellos Carlos Boccardo, Osvaldo Decastelli, Luis Kazcienko y Edgardo Madanes, lo que ha contribuido a su sólida formación.

Su actual muestra antológica "Fluir-Flow" incluye tanto obras pequeñas como de gran tamaño realizadas principalmente en alambre industrial, mallas de alambre y mallas plásticas, dibujos y fotografías. Edward J. Sullivan, profesor de historia del arte latinoamericano y caribeño en la Universidad de Nueva York, es el curador y autor del texto del catálogo que acompaña la muestra. Vino especialmente a Buenos Aires para la presentación de la muestra, realizó una visita guiada y se refirió al significado del título que "más allá de su definición etimológica, remite a la idea de permitir que las vicisitudes de la vida nos lleven donde sea. A su vez, remite al movimiento constante que puede ser veloz y también lento y deliberado".

Gradowczyk manipula, dobla, retuerce el metal, lo deja en láminas transparentes que van adquiriendo formas por sí mismas, deja que la energía del propio material se exprese; a propósito, la autora lo relaciona con la energía de sus pacientes, la energía se anuda y se puede desanudar, de allí que la malla toma formas cambiantes. Se destaca la obra "Nudo animal" que ha sido "herida" por clavos, lo que le confiere una visión inquietante.

Los alambres, por ejemplo, en "Fluir en colores" son a la manera de dibujos que la artista podría desarrollar ad infinitum.

Las mallas de plástico blanco de su serie "Despegar" permiten ver pliegues, revelar curvas y formas blandas que requieren un espacio más vasto para ser apreciadas en sus envolventes y sinuosos recovecos. Incluye en la muestra algunas obras en mármol de Carrara (2003) y piedra tallada (2005) que a la luz de sus más cercanas investigaciones muestran un momento superado ya que su quehacer actual tiene que ver con lo cambiante, con el continuo fluir, es decir, con la vida misma. (Clausura el 5 de junio. Centro Cultural Borges.)

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