Economía

Trump sube aranceles: Alberto ya sufre por los dólares y el FMI

La decisión del mandatario estadounidense impacta en la restricción externa argentina de cara al nuevo gobierno peronista. Además anticipa un endurecimiento de la política comercial de EE.UU. y quizás del Fondo al momento de renegociar la deuda.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció este lunes que restituirá las tarifas a las importaciones de acero y aluminio provenientes de Argentina y Brasil por la fuerte devaluación que han sufrido el peso y el real. El impacto no sólo golpea a la Argentina en términos del intercambio comercial y productivo, sino también desde el punto de vista de la necesidad de dólares por la llamada “restricción externa”.

"Brasil y Argentina han estado presidiendo una devaluación masiva de sus monedas. Lo cual no es bueno para nuestros agricultores. Por lo tanto, con vigencia inmediata, restableceré las Tarifas de todo el Acero y Aluminio que se envíe a los EEUU. Desde esos países", confirmó a través de su cuenta de Twitter.

Según el mandatario, la Reserva Federal "debería actuar para que los países, de los cuales hay muchos, ya no aprovechen nuestro dólar fuerte al devaluar aún más sus monedas".

Donald J. Trump on Twitter

En medio de la guerra comercial con China, Trump había sacudido el mercado mundial al establecer en marzo de 2018 aranceles del 25% al acero y 10% al aluminio. Sin embargo, dos semanas después, estableció una exención para Argentina, Brasil, Corea del Sur y la Unión Europea.

Ahora, Trump impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio para Brasil y Argentina. La decisión del mandatario estadounidense parece tener un doble mensaje, tanto para su colega brasileño Jair Bolsonaro como para el entrante Alberto Fernández.

Es que hace poco más de dos semanas, en su calidad de anfitrión del Foro Empresarial del BRICS, que se realizó en Brasilia, Bolsonaro se reunión con el presidente chino Xi Jinping, con quien firmó una serie de acuerdos, tras lo cual enfatizó: “China es cada vez más parte del futuro de Brasil”. Palabras que seguramente no cayeron muy bien al norte de América.

En el caso argentino, el país había logrado en 2018 un cupo de exportación sin arancel con un tope de 180.000 toneladas anuales, tanto para acero como para aluminio. Para poner ese tope, se había tomado el promedio de exportación de los últimos tres años, pero en el caso del acero, como en 2015 y 2016 la producción y exportación argentinas estuvieron afectadas por la crisis energética, el Gobierno de Macri pidió considerar la situación y elevar el volumen. En 2017 se exportaron 200.000 toneladas de acero, cuando el promedio del último trienio daba 133.000 toneladas. Así, Argentina solicitó y consiguió elevar ese promedio 35% y llevarlo a 180.000 toneladas anuales.

En cuanto al aluminio, el acuerdo mantenía el promedio exportado entre 2015 y 2017, sin embargo, era casi un 30% inferior al volumen enviado en 2017, que alcanzó un pico de 260.000 toneladas.

Para tomar una referencia, los aranceles alcanzan a las exportaciones de Tenaris, del Grupo Techint, y también de Aluar, que colocaron en 2017 tubos de acero y aluminio por unos u$s770 millones en EE.UU.

Juntas, las ventas de biodiésel, acero y aluminio -todas restringidas por Trump- representan más del 40% de las exportaciones argentinas a ese destino, que es el segundo socio comercial en el hemisferio después de Brasil.

La medida supone el golpe más duro a la relación comercial entre Argentina y Estados Unidos, prácticamente desde el cierre a las exportaciones locales de biodiésel. A la vez, anticipa un escenario comercial y financiero mucho más duro para el próximo mandato del presidente electo Alberto Fernández, quien deberá asumir un gobierno con una falta importante de dólares, deuda elevada en torno al 90% del PBI, compromisos financieros con bonistas y el FMI y un déficit financiero en torno al 5% del PBI.

Pero además, anticipa otro profundo giro proteccionista que la Casa Blanca le ha vuelto a imprimir a la política económica de la primera potencia global, y que podría también volver más dura la negociación con el FMI si finalmente termina también endureciendo las condiciones que EE.UU. quiere imponerle a la Argentina a través del organismo en medio de la renegociación por la deuda.

La Casa Blanca viene justificando estas medidas en la necesidad de “blindar y reconstruir” la industria metalúrgica, vital, según el argumento oficial, para la seguridad nacional, y a pesar de la fuerte oposición de algunos legisladores republicanos en el Congreso, de la negativa de funcionarios de su gobierno, incluido el establishment empresarial, las advertencias de organismos internacionales y expertos y de las amenazas de represalias de rivales como China, y de aliados históricos de Washington como la Unión Europea.

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