Cuando los mercados parecen no reaccionar a subas de la tasa de interés (o a hechos similares), la frase que se utiliza habitualmente ( implicando que el mercado ya la había descontado íntegramente) es "baked in the cake". En castellano se diría que (la suba) "ya estaba cocinada". Si alguna idea surge de lo que estamos viendo estos días, es que "con el horno tan caliente, la torta se nos puede quemar".
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Aun con los "malos" números de la inflación mayorista, el comportamiento de los futuros de tasa de interés sugería el martes que la probabilidad de un incremento en los Fed Funds durante agosto no pasaba de 21% (que no subía). Tras conocerse ayer la suba de los precios minoristas (que hablan de un elevado 2,4% para todo el año), este valor trepó ayer a 45% (que la suben 0,25%, o que no la suben, pero el 29 de junio la incrementan en 0,5%). Resulta difícil de explicar, entonces, cómo a pesar de estos datos desfavorables y sorpresivos de las dos últimas ruedas hemos visto a las acciones arrancar en suba. Siempre se puede achacar este fenómeno a que "el mercado ya lo descontaba" o que "había sobreactuado", pero entonces enfrentamos el problema de explicar la evolución de los precios durante el resto del día, que si bien ayer terminaron con el Dow ganando 1,03% en 10.816,92 puntos, casi se podría decir que se salvaron de cerrar del lado perdedor merced a la aparición de quienes se lanzaron en la última hora a cubrir sus descubiertos. Con ocho ruedas de baja para el NASDAQ precediendo la suba de ayer, y enfrentando hoy lo que podrían ser los datos más relevantes sobre el estado de la economía, lo más prudente es considerar la suba como un mero "rebote", al menos hasta que otros datos den más pie para el optimismo.
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