Berlín (DPA) - Alemania perdió ayer uno de los proyectos más prestigiosos y ambiciosos que perseguía: la construcción de la línea del tren magnético Transrápido que debía unir la estación principal de Munich y el aeropuerto de esa ciudad en tan sólo diez minutos.
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El Estado alemán y Baviera dieron marcha atrás al proyecto, ante el altísimo costo que representaba esa línea de 37 kilómetros, que debía convertir a Alemania en uno de los principales centros tecnológicos del mundo.
Así lo anunció ayer en Berlín el ministro alemán de Transportes, el socialdemócrata Wolfgang Tiefensee, tras mantener una reunión de emergencia con el primer ministro de Baviera, el demócrata cristiano Günther-Beckstein, y con el presidente de Siemens, Peter Löscher.
De acuerdo con el último presupuesto, la obra, que reduciría el tiempo del trayecto de los 40 minutos actuales a tan sólo 10, suponía un gasto de hasta 3.400 millones de euros (u$s 5.365 millones), muy por encima de los 1.850 millones de euros (u$s 2.900 millones) estimados en un principio.
Según lo previsto, la mitad de los 1.850 millones de euros originales correría a cargo del Estado alemán, que había insistido siempre en que su límite estaba en los 925 millones de euros (u$s 1.400 millones), mientras que Baviera planeaba aportar un máximo de 500 millones de euros (u$s 790 millones).
Sin embargo, tras la nueva estimación de costos, ninguna de las dos partes se declaró dispuesta a cubrir la brecha presupuestaria.
«El Estado no está dispuesto, no tiene la voluntad ni está en condiciones de superar la suma de los 925 millones de euros», dijo Tiefensee. « Baviera siempre ha dicho que quería ese proyecto, pero no a cualquier precio», agregó Beckstein.
Para Alemania, la noticia es un duro golpe pues implica una importante pérdida de puntos en su posición como país líder en nuevas tecnologías.
En el año 2000 ya tuvo que suspender la construcción de una línea similar entre Berlín y Hamburgo, y en 2003 sucedió lo mismo con el Metro rápido, en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia. Munich era la última oportunidad que le quedaba.
«Alemania pierde con esto un proyecto fundamental de tecnología punta», lamentó Hartmut Mehdorn, presidente de la compañía estatal de ferrocarriles alemanes Deutsche Bahn.
Ahora, el país espera poder vender al menos la tecnología del Transrápido en el extranjero. El ministro alemán de Economía, Michael Glos, que se había mostrado siempre a favor de la construcción de la línea, destacó su convencimiento de que esa tecnología tiene aún mucho futuro fuera de las fronteras germanas. «La tecnología de levitación magnética sigue siendo un producto alemán de alta calidad. Su aptitud se demuestra cada día en Shanghai», dijo.
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