Gran parte de las burbujas financieras que detonaron las últimas crisis mundiales tuvo como principales protagonistas a fondos especulativos (hedge funds). Pero ahora se teme que ese rol comiencen a jugarlo los fondos de riqueza soberana (Sovereign Wealth Funds), cuyo poder de fuego ya duplica al de los hedge funds.
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Según estimaciones del FMI, Deutsche Bank y Morgan Stanley, mientras los hedge funds tienen inversiones cercanas a los u$s 2 billones, los fondos soberanos ya disponen de casi u$s 4 billones, y para 2015 Morgan Stanley proyecta que administrarán u$s 12 billones.
En menos de diez años se duplicaron y ya operan 42 fondos soberanos, creados por los estados como instrumentos para canalizar parte de las reservas internacionales en inversiones con mayor rendimiento.
El más grande es el Abu Dhabi Investment Authority de los Emiratos Arabes con u$s 875.000 millones, le sigue Government of Singapore Investment Corporation, con u$s 330.000 millones; y varios fondos de Arabia Saudita, que reúnen u$s 300.000 millones.
Abarrotados de reservas excedentes producto de elevados superávits comerciales, los estados, principalmente los exportadores de petróleo del Golfo Pérsico y algunos países asiáticos, han creado estos fondos soberanos para sacar mayor provecho de las divisas acumuladas en sus bancos centrales.
A modo de ejemplo del febril ritmo con que vienen creciendo estos fondos, vale señalar que el fondo americano Alaska Permanent Reserve Fund creado en 1976 tiene u$s 40.000 millones, mientras que el China Investment Company que invirtió en el grupo inglés privado de inversiones Blackstone en menos de un año ya administraba u$s 140.000 millones.
Para los analistas, ya son una fuerza incontrolable. Para los gobiernos del G-7, constituyen una amenaza en áreas estratégicas, como energía e infraestructura. Esto explica la reacción proteccionista de varios parlamentos del G-7 para frenar la incursión de los fondos soberanos en sus economías.
El economista Nouriel Roubini, uno de los gurúes de Wall Street, advirtió que «la aparición de los fondos soberanos está creando una reacción política violenta en la forma de proteccionismo financiero».
Así se frenaron las operaciones que tenían como víctimas a la petrolera estadounidense UNOCAL a manos de la china National Overseas Oil Company y a una firma que administra los principales puertos de Estados Unidos de parte Dubai Ports.
Para algunos, están en juego áreas estratégicas y la seguridad nacional, otros miran las implicancias cambiarias y monetarias de este importante flujo de inversiones navegando por los mercados del mundo. Pero lo cierto es que en el seno del G-7 consideran que el mundo está patas para abajo. Así lo explica Steffen Kern, economista del Deutsche Bank, al señalar que acontece una mudanza del paradigma en que los inversores privados de países ricos e industrializados invertían en todo el mundo, hacia un mundo en que los gobiernos de mercados emergentes se volvieron los principales accionistas de empresas occidentales.
Estos países invertían originalmente sus reservas en activos de bajo riesgo y bajo rendimiento, en bancos centrales o en bonos del Tesoro americano. Ahora se lanzaron a comprar empresas en países desarrollados -accediendo a sillones en el directorio-, bienes raíces y fondos privados de inversión. Inglaterra es uno de los que más están sufriendo este proceso. En julio un fondo chino, junto con el fondo Temasek de Singapur, compró más de 5% del paquete del banco inglés Barclays.
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