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24 de octubre 2018 - 13:36

Alta inflación, inflación reprimida y represión de precios

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Por Pablo Challú.-(*)

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La mayoría de los problemas que enfrenta la economía nacional y la profunda crisis en la que estamos envueltos, se han originado en la irrealidad de los supuestos o bases doctrinarias que han dado origen y justificación a las actuales políticas del Gobierno. Estas bases doctrinarias constituyen lo que el presidente denomina "el rumbo" o la dirección de sus políticas, de tal manera que, donde él ve el mayor logro de su Gobierno, es donde se da el origen de los males que estamos padeciendo.

Así ha sucedido con la inconsistencia entre las políticas monetaria, fiscal y de ingresos que caracterizó la primera parte de su gestión y que aún la siguen caracterizando, aunque bajo distintas modalidades. Estas inconsistencias se originaron en una concepción equivocada de las causales de la inversión y del "derrame" que se habría de producir al instrumentarse una política de ingresos regresiva y a favor de los sectores "más competitivos" de la economía nacional. Nada de esto se produjo y el país perdió fuerzas expansivas, producción, empleo productivo e ingresos fiscales.

Hoy estas contradicciones están eclosionando en varios frentes, pero, en particular, se están manifestando profundizando los ya graves problemas que el país venía sufriendo en materia de precios. En primer lugar, se está padeciendo una alta y creciente tasa de inflación, pero, al mismo tiempo, se verifica una importante inflación reprimida y una incipiente pero creciente represión de precios.

Respecto al primer asunto, ya no quedan dudas que la tasa de inflación de este año va a estar más cerca del 50% que del 40%, implicando una importante aceleración que, aún, no se ha detenido. Queda por dilucidar el tema salarial que exhibe un muy importante retraso y que, más tarde o más temprano el Gobierno no podrá eludir y, aún, resta por ver cómo terminará evolucionando la situación cambiaria, siendo ambas cuestiones factores que incidirán en esa tasa.  

Al mismo tiempo, la altísima deuda de cortísimo plazo y extraordinario costo asumida por el BCRA representa, ni más ni menos, inflación reprimida. Esto es todavía más claro con el reemplazo de las Lebac por las Leliq. Como se sabe, las Leliq son instrumentos de mucho menor plazo que las Lebac, con vencimiento a 7 días y de mucho mayor costo no solo por la tasa a que son colocadas sino también porque su tasa efectiva es acumulativa pudiendo llegar al 100% anual.

Podría afirmarse que estos instrumentos son equivalentes a Base Monetaria potencial y que su monto en relación a la Base Monetaria representa aproximadamente el nivel que está teniendo uno de los factores que explican la inflación reprimida.

Adicionalmente, el monto singularmente elevado de esta deuda es un indicador claro de que la política del BCRA está esencialmente equivocada, ya que trata de corregir una tendencia de mercado que se asocia a factores profundos y permanentes de la actual configuración de la política económica como si se tratara de desequilibrios transitorios y superficiales, con lo cual la acumulación de deuda no tiene límite.

En este contexto, el Gobierno ha optado por reemplazar las Lebac por las Leliq, porque estas últimas sólo pueden estar en poder de los bancos y esto haría su stock más manejable ya que se puede disponer que parte del mismo se constituya en encaje y, porque, además, los bancos tienen limitada sus tenencias de dólares.

Estos factores pueden quitar transitoriamente presión al mercado cambiario, pero al mismo tiempo comprometen al sistema financiero en una política sin futuro y disminuyen el crédito al sector privado agravando las tensiones recesivas, lo que confirma que el diseño actual de las políticas hace que entren en contradicción los objetivos de crecimiento cero de la Base con el de Déficit Operativo cero.

Pero la acción del BCRA sólo puede tener efecto, si lo tiene, en el corto plazo, porque en algún momento habrá que desactivar la bomba de las Leliq que no parará de aumentar por lo que ya hemos expuesto, pero también por el pago de intereses que pueden representar más del 3% de aumento mensual de la Base Monetaria y que sólo pueden honrarse con aumentos en su stock.

En ese o esos momentos volveremos a observar el efecto pleno disruptivo que esta política tendrá sobre la Base Monetaria, la tasa de inflación y la situación cambiaria.
Completando el panorama comenzamos a tener una incipiente represión de precios.

Ante importantes aumentos en los costos, representados por la variación del tipo de cambio, de las tarifas, de la energía y las astronómicas tasas de interés, las empresas se encuentran con un mercado totalmente retraído y un extraordinario cepo monetario y crediticio que les impide trasladarlos a los precios.

Así que hoy las empresas enfrentan una situación realmente difícil o prácticamente imposible de superar: o absorben parte o la totalidad del aumento de los costos perdiendo parte importante de su patrimonio, con lo que se ponen en el umbral de su convocatoria o del cierre, o los trasladan total o parcialmente a los precios enfrentándose a una debacle aún mayor de sus mercados.

Por lo que las previsiones son realmente preocupantes e indican la necesidad de cambios rápidos y profundos en las políticas, básicamente en las bases doctrinarias que explican el equivocado "rumbo" que ha tomado desde sus inicios el Gobierno de Cambiemos.

(*) Economista. Presidente del Consejo de Empresarios Nacionales. Compañero de fórmula de Guillermo Moreno.

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