29 de julio 2002 - 00:00

Ante semana difícil, O'Neill buscó calmar a Wall Street

Washington (EFE, Reuters, AFP, ANSA) - El secretario norteamericano del Tesoro, Paul O'Neill, muy criticado por la crisis de confianza que afecta a la economía y al mercado financiero de los EE.UU., multiplicó ayer sus apariciones televisivas para alejar las versiones sobre su renuncia y calmar los ánimos de cara a un comienzo de semana que se presenta tenso en Wall Street.

En una de sus apariciones, el funcionario afirmó que la economía estadounidense es la más fuerte del mundo y que los inversores que apuesten por sus sólidos fundamentos «ganarán».

«A largo plazo, soy un profundo creyente en el potencial y la realidad de la más grande economía jamás concebida, y los que inviertan en nuestra sociedad van a ganar», señaló el secretario del Tesoro, quien retrasó un esperado viaje a Amé-rica latina para centrarse en los asuntos domésticos.

Los datos sobre crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) de los EE.UU. durante el segundo trimestre del año se conocerán el miércoles y los analistas esperan que alcance a 2,2% por ciento, por debajo del sólido 6,1% registrado entre enero y marzo.

El secretario del Tesoro indicó que su trabajo es dedicarse «a los fundamentos económicos, que son bastante buenos», y consideró que no tiene potencial para mover los mercados, después de que los inversores de Wall Street censurasen su silencio durante las últimas caídas de las Bolsas, que coincidieron con una serie de sonados escándalos contables y con su viaje a Asia Central.

«No creo que un individuo pueda decir algo que cause que el mercado vaya en una dirección o en otra durante un período de tiempo sostenido... Decir unas pocas palabras no puede calmar los mercados», aseveró.

Las apariciones públicas del funcionario coincidieron con la revelación de nuevos informes comprometedores para el poderoso vicepresidente
Dick Cheney, a quien se acusa de malos manejos contables y de utilización de su influencia en beneficio de la empresa proveedora de infraestructura petrolera Halliburton, que presidió entre 1995 y 2000. A partir de las investigaciones de las autoridades regulatorias, las acciones de la empresa se desplomaron a un tercio de su valor.

Además de los inversores, el mensaje lanzado ayer por O'Neill tuvo como destinatario al Senado, que esta semana debe votar sobre la auto-ridad comercial para la Casa Blanca (ver aparte) y la creación del Departamento de Seguridad Nacional, dos elementos que, según el Tesoro, apuntalarán el crecimiento estadounidense
.

«La seguridad del territorio es parte de nuestra seguridad económica», señaló O'Neill sobre el proyecto de creación de un nuevo macrodepartamento de Seguridad Nacional, sobre el que la Casa Blanca y el Senado mantienen diferencias en relación con los derechos laborales de los futuros 170.000 trabajadores.

• Trabajo

Acerca del fast-track (TPA), el secretario del Tesoro insistió en que «ayudará a crear más trabajos para los estadounidenses mediante la apertura de otros mercados en el mundo para nuestros bienes y servicios».

La Cámara alta tiene pendientes el debate y la votación de esos dos proyectos, los que se producirán esta semana.

La Casa Blanca confía en la aprobación de la TPA, pero podría vetar el proyecto del Senado sobre el Departamento de Seguridad Nacional si ofrece a sus trabajadores las mismas garantías que al resto de los empleados federales. El presidente
George W. Bush quiere que los responsables de ese Departamento tengan más flexibilidad para poder contratar y despedir a sus empleados.

La aparición de O'Neill ayer en varios programas de debates respondió a la nueva estrategia del gobierno que, tras ser criticado por su falta de respuesta a la inestabilidad de los mercados, ha tratado de recuperar la iniciativa en el aspecto económico. A petición del presidente, el secretario del Tesoro retrasó el miércoles su próximo viaje a América latina, que ahora se producirá entre el 5 y el 7 de agosto, y se enfrascó en una cargada agenda de entrevistas con legisladores e inversores.

De nuevo, el secretario del Tesoro negó ayer que vaya a dimitir, como le han pedido destacados representantes demócratas, entre ellos el ex vicepresidente
Al Gore, que ha reclamado la renuncia de todo el equipo económico de Bush.

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