Gráficos muy parecidos a los de sismógrafos, donde se advierte una línea casi vertical desde el mismo inicio (órdenes vendedoras, acumuladas tras el cierre anterior). Y los precios rodando por esa grieta, que los depositó sin ningún tipo de defensas a los mínimos del día: 1.556 puntos, que sembraban entre el asombro y el miedo. De haber proseguido durante un trecho más largo, visto el ritmo de negocios, se hubiera ingresado en un neto perfil de «corrida». La figura más temida, cuando el mercado se descompensa totalmente y la oferta cae en un enorme vacío, se pudo ir borrando prontamente. Como ensayando una nueva estrategia, los tomadores dieron el paso al costado de entrada y dejando que el Merval tocara el mínimo que se quisiera.
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Una vez comprobado que, debajo de la merca mencionada, ya las órdenes se adelgazaban: la entrada en escena para retomar posiciones. Aun así, no todo estaba dicho; valles y repuntes se sucedieron por oleadas, el máximo de 1.603 devolviendo el índice encima de la otra centena lució demasiado brillante. Y el cierre se confirmó en niveles de 1.586, con retroceso de 1,15%.
Cercano al ritmo anterior, con $ 107 millones, la lucha de opiniones sobre la actualidad del Merval contó con lubricación precisa. Un aperitivo para la semana crucial, donde el choque de opiniones deberá llegar a un clímax como para sacar platea. Fascinante.
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