Señaló hoy el BBVA que las pérdidas récord registradas por la compañía de telecomunicaciones se deben a "errores de gran alcance" cometidos cuando era presidida por Juan Villalonga. Francisco González, presidente del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), que posee 6,53% de Telefónica, mostró su apoyo a los actuales gestores de la empresa, encabezados por César Alierta.
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Francisco González, presidente del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), que posee un 6,53 por ciento de Telefónica, mostró en rueda de prensa su apoyo a los actuales gestores de la empresa, encabezados por César Alierta, y consideró que "ahora la compañía es mucho más fuerte que hace dos años".
Telefónica anunció la víspera que en 2002 tuvo unas pérdidas de 5.576,8 millones de euros (unos 5.966 millones de dólares), las mayores sufridas por una empresa española, debido a que ese año realizó saneamientos por 16.217 millones de euros (unos 17.352 millones de dólares) y recortó sus inversiones en Latinoamérica.
En vísperas de que el BBVA celebre una junta de accionistas en Bilbao (norte español), González dijo que los actuales gestores de Telefónica no son culpables de estas enormes pérdidas, ya que se limitan a "poner orden en esa casa" y a resolver los problemas causados por las decisiones erróneas de "gran alcance" adoptadas en la "era Villalonga".
González rechazó que haya que pedir responsabilidades a la actual cúpula directiva por la situación económica de la operadora.
El 26 de julio de 2000, Villalonga, sobre quien pesaba una investigación oficial sobre sus inversiones en bolsa con información privilegiada, dimitió como presidente de Telefónica y fue sustituido por Alierta, que entonces copresidía la tabaquera Altadis.
Villalonga había accedido a la presidencia de Telefónica en 1996, tras la llegada al poder del conservador Partido Popular (PP) de José María Aznar, con quien mantenía entonces una estrecha amistad.
Su relevo puso fin a una grave crisis vivida por la compañía durante varios meses a causa de las desavenencias entre Villalonga y el Gobierno de Aznar y por la pérdida de confianza en su gestión por parte de los principales accionistas de referencia, el BBVA y La Caixa.
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