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15 de marzo 2006 - 00:00

Aumentó otra vez la carne y Kirchner llamó a no comprar

Néstor Kirchner aplica la política fuerte siempre. El precio de la carne volvió a subir ayer y aconsejó no comprarla. En realidad, hasta dictadores fuertes como Fidel Castro no titubearon -sucedió el año pasado- en introducirse en una cocina y frente a cámaras de la televisión cubana enseñó cómo utilizar nuevos productos altamente nutritivos -por ejemplo la soja- para alimentar sanamente a la población de su país que por su secular pobreza no tiene acceso a ciertos productos, por ejemplo la carne vacuna que es un lujo y se le vende racionalizada con libreta. Juan Perón, en la terrible sequía del año 1952 no titubeó tampoco en usar su excepcional magnetismo sobre las grandes masas. Les habló y las calmó para que asumieran durante un año comer pan negro de centeno porque, al hacer estragos en las cosechas la escasez de lluvia, fue muy baja la producción triguera y optó por privilegiar las exportaciones y no interrumpir las ventas a los mercados habituales. El ex tupamaro José Mujica, hoy ministro de Agricultura del Uruguay en el gobierno de izquierda del Frente Amplio, salió hace un par de meses públicamente a decirles a los ciudadanos de su país que comieran cerdo, pescado o aves pero que no interrumpieran las exportaciones de carne vacuna porque su país quiere mantener los mercados duramente logrados. Por caso Uruguay abastece del producto como nación privilegiada a Estados Unidos. Hay muchos ejemplos más pero aquí, en este gobierno Kirchner, o se duda sobre el efecto de dar consejos a la población o se va siempre a lo drástico. De paso no se respetan los mercados de carne argentina en el mundo que llegan hasta Rusia. Una vez les suspendimos envíos por la aftosa y durante años -después que aquel radical pampeano Antonio Berhongaray como secretario de Agricultura y Ganadería de De la Rúa suprimiera para ahorrar la vacunación que regía desde la gestión de Carlos Menem- perdimos esos mercados. Finalmente los reconquistamos. Hoy, sin aftosa o con brotes mínimos, volvemos a interrumpir los envíos que irán desde Brasil. Con una calidad de carne vacuna muy inferior a la argentina ese país es el primer exportador mundial por haber realizado una meditada «política aduanera» de la que aquí carecemos. Hoy el stock de cabezas de Brasil llega a 200 millones y el de la Argentina, con mejores tierras para criar ganado, sólo alcanza a 65 millones. Tampoco tenemos política de stock ganadero como no tenemos una política industrial selectiva. El presidente Kirchner, para respetar los mercados externos que esperan nuestro producto y no les llegará por 180 días o más, aconsejó «no comer carne». Debió decir aprendan a comer las partes de la res que por raras costumbres no se adquieren o son consideradas «menores». Más aún, debió disponer que determinados días por semana sólo se vendan los alguna vez llamados «cortes populares». Precios máximos no sirven porque surgen mercados negros. Precios libres encarecen tanto que los cortes mejores los comen los más ricos. Reservar para exportar partes valiosas es política equitativa. Y explicar el valor del osobuco, aunque venga del garrón del animal, o el vacío o la carne picada. Cuando a los argentinos se los convoca con honestidad a colaborar, se les explica, se les muestra que no habrá privilegiados, se les expone bien cómo sirve al país exportar, es un pueblo que suele ayudar. Este gobierno no cree en esas políticas, prefiere casi permanentemente el golpe de furca. No es bueno.

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Un llamado a consumidores hizo Néstor Kirchner ayer al anunciar obras viales para Río Negro. Pidió no comprar carne, y en realidad, con la suba de precios, el consumo baja automáticamente.


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Las fuertes declaraciones de ayer de Kirchner contra el sector de la carne fueron las siguientes:









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