En vista de la impresionante suba que tuvieron las acciones parece prudente preguntarnos qué cambió en las últimas cuarenta y ocho horas. Tal vez deberíamos decir que "casi nada". Pero vamos por partes. Así como el miércoles, el mercado bursátil tuvo una buena jornada desafiando los datos de la macroeconomía, ya de antes de la apertura las acciones ganaban ayer terreno, a pesar de que la tasa de los treasuries subía en simpatía con los datos de los pedidos de seguro de desempleo y el NY Empire Index. El anuncio que la producción industrial había mermado menos que lo esperado y que la baja en el uso de la capacidad instalada fuera mayor que las previsiones no hizo sino confirmar esta idea de una economía con precios en alza (y alejó el fantasma de la recesión), empinando la inversión en la curva temporal de tasa de interés (a dos años los treasuries pagaron 5,141%; a 30 años, 5,138%, y a 10 años, 5,1%) y acelerando aun más la suba accionaria. La ligera merma -de 1 a 2 por mil- del dólar y la recuperación en los commodities (0,4% para el petróleo, en u$s 69,92 por barril, y 4% para el oro, en u$s 573,4 la onza) sirvieron a su vez de excusa para impulsar a los sectores de materias primas, energía y finanzas, aunque la estrella del día fueron las tecnológicas, asediadas por los "buscadores de pichinchas". Para mediodía parecía que todos los que se habían "sobrevenido" terminaban de cerrar su posiciones, las cosas se tranquilizaron y el mercado comenzó a ceder terreno. Hasta que habló el presidente de la Fed, Ben Bernanke, en Chicago. A partir de aquí el ejercicio lo tiene que hacer cada lector y ver si sus dichos justifican el 1,83% que subió el Dow (a 11.015,19 puntos) y que el S&P haya tenido la mayor suba diaria desde octubre de 2003.
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