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Los primeros arquitectos de esta «solución» fueron dos sigilosos expertos en financiamiento y reestructuración de deudas de AEA, que tuvieron un protagonismo importante en la edición anterior de este nucleamiento, el Consejo Empresario Argentino. Ellos son Enrique Ruete (ex HSBC-Banco Roberts y miembro del Business Advisory Council de la CFI) y Alberto Grimoldi (socio de Manuel Solanet, negociador de la deuda de La Nación SA). También Héctor Magnetto (del monopolio «Clarín») interviene activamente en las negociaciones.
La iniciativa en discusión reemplaza a aquella otra ingeniería pensada para salvar de la bancarrota a empresas periodísticas (o de alcance «cultural»), en especial a «Clarín», por la cual se les exigía a las compañías petroleras aportar a un fondo con la liquidación de las divisas procedentes de sus exportaciones. Ahora, el listado de beneficiarios se amplió, igual que la fuente de financiamiento. Los recursos no deben tener garantía del Estado pero el gobierno deberá avalar esa capitalización como políticamente relevante para la economía del país.
Finalmente, de un modo u otro, el sistema financiero que prestó a las compañías que no puede cobrar las deudas de estas empresas argentinas virtualmente quebradas seguirá afectado: el Banco Mundial y el BID emiten títulos que colocan entre inversores institucionales, con bajo riesgo y, por lo tanto, baja tasa.
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