En las primeras informaciones que llegaron al gobierno argentino sobre la manera en que encarará su gestión al frente del BID el colombiano Luis Alberto Moreno no serían favorables para el país: para el sucesor de Enrique Iglesias, sería prioridad la ayuda a los países más pobres de la región ( especialmente, los centroamericanos y Haití). Además, Moreno se presentará en sociedad como un defensor de las políticas económicas del Fondo Monetario y, se anticipa, no será un impulsor de grandes obras de infraestructura para la región sudamericana, ya que optaría por el gestionamiento privado para este tipo de emprendimientos.
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Esta tendencia perjudicaría más al Mercosur, fundamentalmente a la Argentina y a Brasil, que se esperanzaban en encumbrar al actual vicepresidente del BID, Joao Sayad, que se había comprometido a impulsar obras en la región por más de u$s 5.000 millones.
La información que llegó ayer al Poder Ejecutivo sobre el actual embajador de Colombia ante Estados Unidos y futuro presidente del BID (asumirá en setiembre en una ceremonia en Washington) es que su primera iniciativa será defender la idea de condonación de la deuda externa de los países más pobres de América por parte del FMI y de otros organismos, incluyendo a Nicaragua, Haití, Bolivia, El Salvador, Guyana, Guatemala, Honduras, República Dominicana, Panamá, Bélice, Jamaica y Costa Rica. Acompañando esta decisión, Moreno quiere impulsar un menú de créditos para infraestructura destinados ayudar al desarrollo económico de estos estados.
Según las primeras versiones surgidas desde las oficinas del BID, la llegada del colombiano al organismo no sería ajena a la firma del acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y seis países centroamericanos (Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras y República Dominicana). La entidad, cuyo principal aportantees Estados Unidos, estaría dispuesta a financiar a los sectores (como el textil y agroalimentos) que necesitarían fondos para poder ingresar en el CAFTA, según las siglas en inglés. Lo que se espera para esa región es una especie de Plan Marshall, que incluiría tres partes: perdón de la deuda externa, libre comercio y ayuda financiera.
La segunda batería de proyectos que tendría Moreno en la cabeza sería el aumento de la ayuda a los países calificados según las Naciones Unidas como «en vías de desarrollo», pero que están en el grupo de estados más pobres y que mayores problemas políticos muestran, como Ecuador, Perú y Bolivia. Además, el BID se podría al frente del proyecto de reconstrucción de Haití, incluyendo la gestión para que los países en desarrollo desembolsen los u$s 1.000 millones prometidos como ayuda financiera para ese Estado. Lo que no estaría en la agenda prioritaria del sucesor de Iglesias es la liberación, sin más, de fondos para proyectos de infraestructura de los países más importantes de la región, entre los que se encuentran la Argentina y Brasil. Los dos países esperabanespecialmente que el BID destinara unos u$s 2.000 millones para la construcción del gasoducto que uniría la región peruana de Camisea y la Argentina, Brasil, Chile y Paraguay. También está cuestionada la posibilidad de que el organismo financie la Ruta 14, que uniría la Mesopotamia con el sur de Brasil y otros fondos por u$s 1.000 millones en proyectos diversos que gestionan provincias argentinas. Pero lo que más teme el gobierno argentino es que en las próximas horas Moreno visite al español Rodrigo de Rato, titular del FMI, para señalarle que en adelante tendrán políticas conjuntas. Esto quiere decir que los préstamos del BID podrían ser liberados sólo luego de acuerdos con el Fondo.
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