El boom de la soja generó una explosión en el mercado de los campos. Los productores pujan por conseguir tierras para seguir sembrando la tan cotizada oleaginosa. La decisión de alquilar campos a tan alto precio es riesgosa si cae el valor del grano: los alquileres aumentaron 50% en comparación con los valores pagados el año pasado. El cultivo es anual y el contrato se realiza por todo el año. Para el dueño del campo surge un negocio muy rentable, que a tasa anual tiene poca competencia: entre 5% y 7% en dólares.
«El riesgo para los arrendatarios es el de convalidar precios altos al momento de la planificación de la siembra que no sean compatibles con la evolución futura de los granos. Es el riesgo de quedar enganchado con un arrendamiento caro en un momento en el que el mercado puede revertir su tendencia», advierte
Una situación similar se vivió durante el año 1997, cuando la soja llegó a promediar los u$s 330 por tonelada en mayo. En ese momento, siguiendo una ola de inversiones que mostraban al campo como la panacea, muchos capitales, generalmente nucleados en la figura de «pool de siembra», se volcaron al arrendamiento de campos. Pero las condiciones del mercado se revirtieron en el '98, cuando en octubre la soja promediaba u$s 200 y los mencionados pooles de siembra dejaban a muchos inversores con notables pérdidas recordadas durante varias campañas.
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