7 de febrero 2001 - 00:00

Brasil devalúa para frenar consumo y temor a inflación

Brasilia (Bloomberg) - Cuando Brasil se hallaba empantanado en una recesión a principios de 1999, Industrias Klabin de Papel e Celulose SA aumentó las exportaciones de productos como papel de embalaje para compensar el letargo de las ventas internas. Ahora se dispone a hacer lo contrario. La demanda interna de productos como las cajas corrugadas y el cartón se está disparando con la rápida expansión, que ya lleva 15 meses. Klabin planea desviar algunas de sus exportaciones hacia el mercado local para mediados de año.

La consecuencia de que las compañías abastezcan la creciente demanda interna reduciendo las exportaciones o aumentando las importaciones, según los analistas, será que el déficit comercial de Brasil habrá de aumentar, limitando la rapidez con que el banco central puede bajar las tasas de interés y frenando el crecimiento a 4,5 por ciento anual. Tan sólo en enero, el déficit comercial de Brasil aumentó a $ 479 millones, o más de dos tercios de la cifra del déficit del año 2000 completo, que fue de $ 691 millones. Si la economía se expandiera más rápidamente, el creciente déficit podría abatir al real, la moneda nacional y acelerar la inflación.

«Dadas las limitaciones externas, es probable que estemos a nuestro nivel máximo de crecimiento ahora mismo», dijo Carlos Kawall, economista jefe para Brasil de Citibank de San Pablo. Kawall cree que el límite es de 4 por ciento. Se espera que la economía haya crecido esa cantidad el año pasado. Otros economistas concuerdan más o menos con Kawall, poniendo el límite del crecimiento entre 4 y 5 por ciento.

PBI

Un crecimiento anual de 4,5 por ciento sería inferior al de otros países en desarrollo como Chile y Corea del Sur, que acostumbran expandirse a ritmos superiores a 7 por ciento. Esos dos países tienen altos índices de ahorro, lo que les ayuda a registrar superávit comerciales.

El Producto Bruto Interno (PBI) per cápita -medida de la riqueza de un país-de Brasil fue de $ 4.420 en 1999, según el Banco Mundial. Esto es menos de un sexto del PBI per cápita de $ 30.600 de los Estados Unidos. Un cálculo rápido muestra que con un crecimiento anual de 4,5 por ciento, Brasil tardaría 23 años para doblar su PBI per cápita.

Las importaciones se están disparando. Luego de aumentar 13 por ciento en 2000, a $ 55.900 millones, crecieron 41 por ciento en enero, a $ 5.000 millones.


Las piezas intermedias, utilizadas en el montaje de productos industriales terminados, han aumentado 44 por ciento porque las automotrices como Toyota Motor Corp. y PSA Peugeot Citroën traen piezas del exterior para incrementar su producción. La importación de productos de consumo duraderos subió 72 por ciento y la importación de bienes de capital, como maquinaria pesada, 54 por ciento.

La salida de dólares causada por el déficit comercial está debilitando al real
pese a que los inversores están trayendo capital al país a montones. El real ha perdido 2,7 por ciento de su valor este año, cayendo a 2,004 reales por dólar, la tasa de cambio más baja que ha tenido en 23 meses. Los economistas dicen que una tasa de cambio superior a 2,1 reales por dólar podría acelerar la inflación. Brasil prevé una inflación de 4 por ciento este año, contra 6 por ciento de 2000.

El creciente déficit comercial ya tiene a los directores del banco central en alerta. En las minutas de sus reuniones mensuales de política monetaria en noviembre y enero expresaron su preocupación ante el auge de las importaciones.

Algo que podría ayudar a Brasil es que la merma de los precios del petróleo contuviera la expansión del déficit comercial. El país importa casi un tercio del petróleo que consume. Los precios del petróleo han bajado 10 por ciento desde la máxima de octubre de $ 30,55 por barril en la Bolsa Mercantil de Nueva York.

Impuestos

Aparte de esto, Brasil tiene pocas alternativas salvo tratar de aumentar sus exportaciones lo bastante para compensar el disparo de las importaciones y facilitar un crecimiento más veloz, dijeron los analistas. Para que esto suceda, el gobierno debe reducirles la carga de impuestos a las compañías a fin de que los precios de los productos brasileños sean más competitivos en los mercados internacionales. «Lo que más falta hace es una reforma tributaria», dijo Kawall.

Con eso presente, el gobierno del presidente
Fernando Henrique Cardoso propuso una reestructuración del sistema de impuestos. Eso no significa que las cosas vayan viento en popa. El proyecto languidece en el Congreso en tanto el Poder Ejecutivo y el Legislativo discuten cómo debería funcionar el nuevo sistema.

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