Brasil es hoy el segundo país con más muertes por Covid-19 y no hay previsiones de que la situación sanitaria vaya a mejorar en el corto plazo. Ámbito dialogó con uno de los argentinos que más conocen la economía del gigante de Sudamérica: Eduardo Crespo, quien es politólogo, doctor en Economía y docente de la Universidad de Río de Janeiro. Profundamente crítico del Gobierno de Jair Bolsonaro, Crespo analizó cómo va a afectar a nuestro país lo que le suceda a la principal potencia del vecindario.
Periodista: ¿Cómo cree que va a quedar la situación en Brasil una vez que se calme el problema sanitario y cómo nos afecta a nosotros?
Eduardo Crespo: La situación está muy complicada. La actividad se cayó por completo, como en todos lados. El Banco Mundial estima que el PBI puede caer 8%. La perspectiva es muy oscura porque todo indica que Brasil va a lidiar con el coronavirus por muchos meses y a eso hay que sumarle que está sumergido en una crisis política fenomenal. En cuanto a la Argentina, seguramente el sector que más sienta la crisis de Brasil es el automotor, que es el más integrado, y luego las manufacturas en general. Hay que tener en cuenta que el nivel de actividad de la industria brasileña, ya en el primer bimestre, antes del coronavirus, se estaba cayendo. Por lo que después de la pandemia va a haber un desmoronamiento generalizado. En Brasil hay todo un debate sobre cómo reestablecer la actividad y, realmente, no sé cómo lo pueden hacer en este contexto, en el que se pueden enfermar los trabajadores.
P.: En la Argentina se viene hablando de un riesgo de pérdida de competitividad cambiaria en caso de que el real se siga depreciando. ¿Es así?
E.C.: Yo no observo que pueda haber una gran devaluación. La ventaja que tiene Brasil es que tiene muchas reservas, que se acumularon, fundamentalmente, en el período de Lula. Si bien desde junio del año pasado, durante doce meses, se venían perdiendo, eso se está dando vuelta ahora y hay una recuperación. Es cierto que el real tuvo una cierta devaluación este año, acompañando lo que sucedía en la región y en emergentes y, de hecho, el dólar llegó a 6 reales, aunque ahora bajó un poco. Pero la gran fortaleza de Brasil es que tiene reservas y que tiene un mercado de deuda local, por lo que el Gobierno puede seguir colocando deuda en reales con cierta facilidad. Brasil no tiene un problema en lo inmediato de restricción externa ni de balanza de pagos.
P.: ¿El Gobierno supo aprovechar esta solidez heredada?
E.C.: Han bajado mucho la tasa de interés y eso incentiva la compra de dólares. Supuestamente, quieren estimular la economía, pero genera fragilidad financiera. El diferencial de intereses contra las tasas de interés de Estados Unidos más riesgo bajó mucho. Es decir, tuviste una baja de tasa y un aumento de riesgo, por lo que hubo fue un aumento de la formación de activos externos. Pero tienen un nivel de reservas que les da cierto nivel de tranquilidad y es por eso que no se espera una gran devaluación.
P.: Suele decirse, que uno de los activos de Brasil es su coherencia en política exterior, a lo largo de los distintos gobiernos.
E.C.: Hay una buena porción de eso que es mito pero, además, este Gobierno cambió completamente todo. Nunca hubo una política exterior como la de ahora, tan pro-norteamericana, con relaciones carnales sin ningún tipo de mediación ni negociación. Nunca hubo algo así.
P.: ¿Rescata algo de la política económica de Brasil de estos años?
E.C.: No. No hay ni siquiera una orientación, lo único que busca el ministro de Economía, Paulo Guedes, es desmoronar el aparato del Estado. Hay mucha incertidumbre: no se sabe si va a seguir este Gobierno, si lo van a destituir, si va a haber un autogolpe.
P.: ¿Hubo algún plan para ayudar a la gente durante el Covid-19?
E.C.: Sí, el Congreso forzó un subsidio de 600 reales.
P.: ¿Allí la informalidad es un problema también?
E.C.: Aún peor, cerca de la mitad de la población está en la informalidad. Hace un tiempo en la Argentina se había dicho que en Brasil había un boom de creación de empresas. Y eso no fue así. En muchos casos eran trabajadores independientes, vendedores ambulantes, por ejemplo, que se inscribían para poder cobrar con tarjeta, ya que hay mucho pago electrónico.
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