A casi seis meses de las elecciones presidenciales en Brasil, la campaña entró en una etapa más áspera y bastante menos previsible de lo que sugerían los números hace no tanto tiempo. Luiz Inácio Lula da Silva sigue mostrando fortaleza en los escenarios de primera vuelta, pero ya no mira el proceso con la comodidad de antes: el dato que hoy inquieta al oficialismo es que, en una eventual segunda vuelta, Flávio Bolsonaro aparece en empate técnico e incluso con una ventaja mínima dentro del margen de error.
Elecciones en Brasil: Lula da Silva llega más exigido y el bolsonarismo gana aire en una campaña que se recalienta
Un sondeo reciente volvió a encender las alarmas en el oficialismo: aunque Lula da Silva se mantiene competitivo en primera vuelta, Flávio Bolsonaro ya aparece en empate técnico en un eventual balotaje. En ese escenario, la derecha busca capitalizar el desgaste del Gobierno y mostrarse en expansión.
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Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, protagonistas de una carrera electoral que se volvió más ajustada y que ya muestra señales de mayor polarización en Brasil.
De acuerdo a un relevamiento hecho por AtlasIntel/Bloomberg, el senador opositor e hijo del exmandatario Jair Bolsonaro registra 47,6% frente al 46,6% de Lula, una diferencia demasiado corta como para hablar de un favorito claro.
Dicho número representa un llamado de atención, aunque en Brasil lo leen como algo más profundo: Lula perdió margen. La ventaja de dos dígitos que tuvo alguna vez con su principal contrincante se fue achicando en pocos meses y el clima político se tornó más incómodo para el Palacio del Planalto. A su vez, la economía y el ruido que generó el caso Banco Master contribuyen a la presión que recibe el oficialismo en plena carrera electoral.
Según la misma encuesta, cerca del 40% del electorado consideró que los aliados de Lula son los más implicados en el episodio, frente al 28% que opinó lo mismo del entorno de Bolsonaro. A eso se suma otro dato incómodo para el oficialismo: casi la mitad de los consultados cree que el máximo tribunal brasileño está “totalmente involucrado” en el caso.
En paralelo, el episodio volvió a alimentar dudas sobre la capacidad del presidente para recuperar iniciativa en el tramo decisivo de la campaña. El relevamiento también muestra un deterioro en las expectativas económicas: el 57% dijo que la situación del país es mala en la actualidad, contra el 51% que pensaba lo mismo seis meses atrás, mientras que alrededor del 47% aseguró que planea gastar menos en los próximos días.
Bajo ese marco, el apellido Bolsonaro volvió a ordenarse como marca electoral de la derecha brasileña, incluso con Jair Bolsonaro fuera de competencia por su situación judicial. El expresidente sigue funcionando como referencia política y simbólica de ese espacio, y la candidatura de Flávio aparece en la actualidad como la vía más clara para intentar sostener ese capital electoral en una elección que volvió a polarizarse.
La derecha busca capitalizar el nuevo escenario
Flávio y su hermano Eduardo Bolsonaro participaron de la CPAC en Texas, una de las tribunas más visibles de la derecha conservadora internacional. Allí, Eduardo presentó a su hermano como el próximo presidente de Brasil y volvió a cargar contra el juez Alexandre de Moraes, en una intervención que buscó reforzar la idea de persecución judicial contra su familia y, al mismo tiempo, darle proyección internacional a la candidatura opositora.
“Mi padre me dio la mayor misión de mi vida: postularme a presidente de Brasil en su lugar, y vamos a ganar”, afirmó Flávio, en un mensaje que funcionó como una ratificación pública de su candidatura y como una señal hacia el electorado más duro del bolsonarismo.
Ese movimiento mostró a la oposición decidida a no replegarse en la política doméstica y a seguir conectado con el universo ideológico que orbita alrededor de Donald Trump. También dejó en claro que la oposición quiere nacionalizar el malestar económico y político, pero sin resignar su inserción en una red conservadora más amplia, algo que en Brasil todavía conserva capacidad de movilización.
Lula apuesta a sostener la centralidad
Desde la otra vereda, Lula sigue apostando por sostener la centralidad presencial y preservar volumen político en medio de su gestión. Durante este sábado, por ejemplo, el mandatario ratificó su apoyo a la candidatura de Michelle Bachelet para la secretaría general de la ONU, aun después de que el nuevo gobierno chileno de José Antonio Kast retirara ese respaldo. El gesto, además de su lectura diplomática, volvió a exponer dos perfiles bien distintos dentro de la región.
Mientras Lula intenta afirmarse en una agenda ligada al multilateralismo y a la articulación política internacional, la derecha regional busca crecer con un discurso más duro, más confrontativo y más apoyado en la lógica de la polarización. En ese cruce también se juega una parte de la campaña brasileña, donde no solo se discute quién gobernará a partir de 2027, sino también qué tipo de liderazgo logrará imponer el tono de la pelea en los meses que quedan.
Con la carrera en marcha, el dato más concreto siguen siendo las encuestas. Lula conserva estructura, volumen y competitividad, especialmente en los escenarios de primera vuelta. Pero Flávio Bolsonaro ya dejó de ser apenas un heredero del apellido familiar para convertirse en un rival con capacidad real de disputar el centro de la escena.



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