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12 de septiembre 2003 - 00:00

Buen acuerdo con compromiso serio

(Ambos aspectos necesarios)

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Ahora se suma un acuerdo firmado a 3 años con el Fondo Monetario, aunque acotado a 1 para refijar luego las pautas difíciles para 2005 y 2006. Un gobierno que no podrá endeudarse más, aunque sea porque nadie le tiene confianza para emitir nuevos títulos públicos estatales. Que inclusive pagará el año próximo la enorme suma de 10.500 millones de pesos (unos 4.500 millones de dólares) de la deuda pública caída. Un pago que significará 2,6% del Producto Bruto Interno cuando hace 2 años con Domingo Cavallo políticamente no se podía imponer ni el déficit cero, con superávit primario mínimo. Más todavía: Ricardo López Murphy durante las 2 semanas en que fue ministro de Fernando de la Rúa propuso una drástica racionalización del Estado para lograr 2 puntos de superávit fiscal... y tuvo que renunciar. Un país que viene de una década de tener un superávit primario de apenas 0,5% en promedio de alzas y caídas. Además que desde hace 40 años (gobierno breve del presidente radical Arturo Illia, 1963-1966, que lo bajó) no dejó nunca de acrecentar su endeudamiento público, externa e internamente.

Todo esto también ahora realizado en democracia, no con gobiernos militares de fuerza. Además con reducción de la evasión en grandes contribuyentes y no circunscripta a pretender ejemplarizar siempre con pequeños casos aislados como una figura artística o un futbolista famoso. Con el apoyo de la izquierda por primera vez a políticas económicas serias.

Además, cuando se difunde cada día más la idea -hasta transformarla en un compromiso público- de que este presidente, Néstor Kirchner, discute condiciones con vehemencia pero luego cumple siempre lo que firma. Es importante que un presidente de la Nación personalmente y no un ministro de Economía haya negociado y comprometido este acuerdo. Un ministro puede renunciar. El Presidente no, es la garantía.

Es casi un país ideal. Si tomamos en cuenta que venimos de 3 hiperinflaciones y de 3 defaults (con acreedores, con el Banco Mundial y dos días con el FMI), diríamos que es casi una magia.

Hay costos, desde ya. No ahora, pero se deberán disponer aumentos de tarifas de servicios públicos, que afectarán más el salario y jaquearán las metas de inflación. Pero se logró poder adecuarlas y no atarse ya a un cronograma fijo.

Hay víctimas como las cúpulas militares en actividad, decapitadas sin razón, y los oficiales en retiro que en cantidad de a miles seguramente deberán pasar por los tribunales por los sucesos de los '70. En la voz de mando militar se expresa «abnegación y valor» y la tropa a coro responde con fuerza «para servir a la Patria». Llegó el momento en que con abnegación y valor se sirve a la Patria afrontando esos juicios, sean justos o injustos. También sobrellevar que un letrado tan reprobable como Eugenio Zaffaroni quizá asuma con injusticia como miembro de la Corte Suprema. Es el precio de ingresar en un compromiso con el Fondo Monetario a sectores de la izquierda nacional. Un acuerdo, ya lo dijimos, que si hubiera sido hecho en sus puntos principales por alguien del centro-derecha recibiría enormes críticas.

Hubo un evidente silencio de Lula da Silva, de Fidel Castro y de Hugo Chávez, pero por motivos distintos. Chávez y Castro con sus economías nacionales destrozadas no ven bien una Argentina que tenga altos crecimientos de 5 a 6% este año y probablemente de 4% el otro a partir de acuerdos con el Fondo Monetario Internacional.

Lula da Silva debe tener enojo por otro motivo: el vio y sufrió que un sector de su Partido de los Trabajadores, de izquierda, comience a separarse y a formar otro partido propio debido a sus acuerdos con el Fondo, cuando podía haberlo evitado arrancando con una inclinación inicial de izquierda. No tuvo militares para calmarlos.

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