Los 15 miembros de la Unión Europea se citaron ayer en Sicilia para analizar el fracaso de la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Cancún. Surgió allí lo que puede ser una preocupante estrategia de ese bloque hacia el futuro. Invitaron a participar de ese encuentro a los gobiernos de Brasil e Indonesia, dos de los fundadores del G-21 surgido en Cancún. Este grupo, que integra la Argentina, exigió en México que para negociar se incluya indefectiblemente la discusión sobre 100% de los subsidios agrícolas que dan Europa, Japón y los EE.UU., posición que fue mantenida hasta el final. Ayer los europeos mencionaron la posibilidad de abrir mercados puntuales a países en desarrollo, sin descartar que esa alternativa pueda ser aprovechada por Brasil e Indonesia. Si aceptaran esta propuesta, el G-21 podría separarse y terminar con el esfuerzo más importante para que Europa, EE.UU. y Japón rebajen sus subsidios agrícolas por más de 300.000 millones de dólares.
«A todos», continuó Alemanno, «hay que explicarles el modelo agrícola europeo, en cuanto consideramos que la agricultura siempre necesita de un sostén, incluso en la liberalización de los mercados, porque garantiza la seguridad alimentaria y la defensa del territorio». Siguiendo esta lógica, el diálogo y la apertura de Europa hacia los países en vías de desarrollo «no debe poner en discusión el modelo agrícola europeo», dijo Alemanno, ya que en síntesis, «Europa no quiere y no puede renunciar a su agricultura, no quiere y no puede cancelar su propia
Este concepto y la presencia de los negociadores brasileños e indonesios causó cierto resquemor en el resto de los integrantes del G-21; el grupo de países que en la cumbre de Cancún se unieron en un bloque que declaró que sólo está dispuesto a discutir una reducción general de los subsidios agrícolas en la UE, Estados Unidos y Japón. Según una visión que informalmente era compartida ayer por la Cancillería argentina, lo que en el fondo buscaría Europa es negociar directamente la apertura de productos sensibles para esos dos países (y otros más que se quieran sumar al esquema), cerrar acuerdos bilaterales que convengan a estados puntuales y dañar de muerte al G-21. En el caso brasileño se especula que se abran los mercados de la UE de azúcar, frutas y verduras, y que la presencia del gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva dentro del grupo antisubsidios sea menos preponderante.
El G-21 fue formado en Cancún por algunos estados productores primarios, que bajo la consigna antisubsidios mostraron en la cumbre del balneario mexicano una posición sólida. Entre otros países integran ahora este grupo la Argentina, Chile, México, Venezuela, China, India, Egipto, Nueva Zelanda y Australia; además de Brasil e Indonesia. En los últimos días sufrió la salida de El Salvador y se especula que también abandonaría el grupo Honduras. Sin embargo, ninguna de estas dos renuncias dispersaría el G-21; pero sí le daría una herida mortal la partida de Brasil e Indonesia, que junto con China fueron los incitadores para su formación.
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