El estado norteamericano de California, que aporta 13% del PBI estadounidense y podría ser considerado la octava economía del mundo, sufre una fuerte crisis presupuestaria que podría ponerlo en virtual bancarrota. Su acosado gobernador, el demócrata Gray Davis, y la Legislatura negociaban anoche contra reloj un mecanismo para financiar el abultado déficit fiscal. De no haber solución en las próximas horas, se decidiría el cierre de escuelas, el cese de pagos a proveedores y el despido de decenas de miles de empleados públicos. El magro crecimiento económico, la crisis del sector informático -clave en el estado-y los crecientes gastos de seguridad por temor al terrorismo se han conjugado en la crisis. Otros 35 estados norteamericanos atraviesan dificultades similares.
En caso de no poder hallarla, las escuelas del estado podrían cancelar las clases de verano (boreal) y licenciar a parte de sus planteles, los asilos y hospitales deberán dejar de pagar a sus proveedores y unos 30.000 empleados del Estado serían despedidos, entre otras posibles consecuencias de la debacle.
Las últimas encuestas mostraron una fuerte caída en la popularidad del gobernador demócrata de California,
Según coinciden varios analistas, los problemas de California derivan de una combinación de gasto social que los conservadores consideran excesivo y el dramático aumento de las inversiones en medidas de seguridad que siguieron a los atentados del 11 de setiembre del 2001 en Washington y Nueva York. Pero, en particular,
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