20 de septiembre 2004 - 00:00

Cambio innecesario no afecta lo económico. Debilita área clave

Hoy, a las 15, se reunirán Alfonso Prat-Gay y su sucesor Martín Redrado para coordinar el traspaso de la presidencia del Banco Central. Se trata de dos jóvenes brillantes, 38 y 43 años respectivamente, que hasta ahora ocupaban cargos estratégicos y que tontamente el gobierno desperdicia a uno de ellos. Fue muy útil para el país lo que hizo Martín Redrado como secretario de Relaciones Internacionales. Logró que se abrieran importantes mercados como cuando firmó el libre comercio con México, que permitió que las automotrices argentinas -que estaban trabajando a 25% de su capacidad aquí por la crisis- pudieran exportar primero con cupos y en pocos años más sin límites. Ya en ese cargo sobresalía en la presidencia de Duhalde y con Ruckauf como canciller, cuando era clave hasta para oficiarles a ambos de traductor. Avanzó en los dos años y medio que estuvo como secretario con las negociaciones, a la par de Lula, con Europa para poner fin a los subsidios agrícolas, algo siempre olvidado en las agendas oficiales.

A Prat-Gay se lo pierde por su enfrentamiento con Roberto Lavagna, quien en muchas reuniones pretendía que el Banco Central se comportara como una oficina dependiente del Ministerio de Economía. Lo que Kirchner no comprendió es que las peleas entre el titular del Central y el ministro de turno son habituales. Las tuvieron Mario Blejer y Aldo Pignanelli con el mismo Lavagna. En 2001, Pedro Pou con Domingo Cavallo, hasta que fue removido en un evento que lo único que logró fue acelerar el fin de la convertibilidad. Tampoco esas peleas son exclusivas de la historia económica reciente: ya en 1974 Alfredo Gómez Morales en el Banco Central se enfrentaba con el entonces ministro José Ber Gelbard.

Néstor Kirchner debió tener en cuenta que incluso hasta no es malo que se peleen el Banco Central y el Ministerio de Economía. Con funciones que se superponen es lógico que suceda. Les sirve, además, para limitar el excesivo protagonismo de quienes manejan la economía pero tienen aspiraciones mayores. En este sentido, Lavagna tampoco queda muy bien parado con este reemplazo. Es cierto que Redrado es más fácil de tratar que Prat-Gay por parte del ministro de Economía, pero, al mismo tiempo, es un ministeriable que bien podría ser nombrado en el lugar de Lavagna si éste se enfrenta algún día con Kirchner.

A diferencia de varios de sus antecesores en el Banco Central, Martín Redrado complementa su conocimiento técnico con mayor habilidad ahora para moverse en la política interna. Atrás quedó su enfrentamiento con el entonces ministro Domingo Cavallo cuando presidía la Comisión Nacional de Valores, lo que terminó en 1994 con su alejamiento de ese cargo.

El nuevo directorio del Banco Central no tiene las características de su flamante presidente. Todo lo contrario. Pero no debería generar preocupación. La carta orgánica del BCRA es bastante «presidencialista», lo que permitirá a Redrado tomar decisiones sin estar pendiente de los votos de otros directores. Por ello es que el mercado financiero, el viernes, reaccionó en positivo tras conocerse el reemplazo de Prat-Gay. El dólar no se movió, y tampoco lo hará. Los títulos públicos, que habían caído los días previos por los rumores de alejamiento de Prat-Gay, recuperaron rápidamente lo perdido.

Ayer, «The New York Times» reflejó cabalmente los cambios dispuestos por Néstor Kirchner. Destacó que se alejaba un funcionario (de los muy pocos) que tenía buena imagen en Wall Street y, al mismo tiempo, daba la bienvenida a Redrado, graduado en Administración Pública en Harvard, también de buena reputación lograda de joven.

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