20 de abril 2007 - 00:00

¿Cándido o mendaz?: un globito para cada uno

Obvio, no se lo escribió Samuelson ni Marx. Brota de su propio y primario caletre, el que difícilmente permanezca en la historia. Aunque para la crónica oficial del día cualquier manifestación felpudista es bienvenida. Hugo Moyano, buscando adhesiones entre sus pares de la CGT, gritó luego del acuerdo verbal: "Aquí ganamos todos, los camioneros, los empresarios, el gobierno. Como en Wal-Mart, un globito para cada uno". Descubrió la felicidad peronista sin que la cante Palito Ortega. ¿Cándido o mendaz? Ya por la mañana había convencido a sus filiales de que era necesario bajar el copete y aceptar 16,5% de aumento en tres cuotas, más extras imprecisas sobre el monto final, y por si alguno del interior amenazaba objetar hizo que sonara su celular en el momento preciso: dijo hola, saludó, tapó la bocina y mirando a todos les informó: "¡Es el Presidente!". Aplaudió uno, aplaudieron todos, y él, más veloz que la sombra, levantó su diminuto móvil, lo hizo girar frente a la asamblea para que, del otro lado, Kirchner escuchara la música más maravillosa (dentro, claro, de la cultura musical de los gobiernos). Después, ya afilado en su sindicato, partió a la CGT para la frase memorable del globito de Wal-Mart -casi un clásico a convertirse como el "yo me borro" de Casildo Herreras-, mientras a sus colegas gremiales les recitaba: "Cerré con el Uno, cerré con el Uno, está todo bien, es un acuerdo bárbaro, nos viene bien a todos". Sus testigos sonreían: ya desde hace más de una semana sabían que el entendimiento sería de 16,5% para la inocente opinión pública, mientras cada organización sindical se dedicaba a extraerles más jugo a "las extras" (casi todos arañando 30% en el final). Predicando oficialismo como un pastor, entonces, le garantizó a Kirchner que nadie firmará por más de 16,5% (todavía quedan algunos rebeldes comprometidos por más salario), los empresarios pagarán el doble sin chistar (finalmente las empresas no tienen pérdidas), las comisiones internas no se quejarán y todos, con un globito en la mano, dirán que este incremento en los sueldos no afectará la inflación. El mendaz o el cándido no es sólo Moyano.

Kirchner sepultará sus broncas por el caos violento del 17 de octubre pasado, durante el traslado de los restos de Juan Domingo Perón a San Vicente, para -como en los mejores tiempos-, reponerlo a Hugo Moyano en la categoría de aliado estratégico.

En apuros, el patagónico recurre otra vez al jefe de la CGT. Protagonizarán una remake de lo ocurrido el 6 de abril de 2006, donde pactaron un aumento salarial de 19% para Camioneros que funcionó como techo para los demás gremios. Hoy a las 9, en la Casa Rosada, Moyano atará otro corsé: ahora de 16,5%.

A través de diálogos cruzados con el Presidente y con la ocasional mediación de Carlos Tomada, Moyano redondeó una cifra que sobrevuela, según los cálculos mágicos que hacían en las oficinas de Azopardo, entre 3 y 5 puntos arriba de la inflación «real» prevista para el año.

Ese número es una melodía celestial para Kirchner que, además de palpar el derrumbe del control de precios, comenzaba a sospechar que la discusión salarial podía desmadrarse. Los dos fracasos, combinados, podrían producir un cóctel fatal en materia inflacionaria.

Un pésimo pronóstico de tormenta en un año electoral.

Para espantar fantasmas, el jefe de Camioneros aparecerá hoy flanqueado por buena parte de la cofradía gremial que lo sostiene: Andrés Rodríguez (UPC), Gerardo Martínez (UOCRA), Jorge Viviani (taxis) y Víctor Santamaría (porteros).

Anoche, en tanto, estaba en duda la presencia de Roberto Fernández, sucesor de Juan Manuel Palacios en la UTA.

La postal sindical, a diferencia de la de 2006, tendrá más actores: en aquella sólo apareció Moyano. Esta, en cambio, mostrará a una fracción gruesa y diversa de la CGT que se manifestará en sintonía con Kirchner en torno a contener la escalada inflacionaria.

Pero la foto trafica un mensaje: ya no es, como un año atrás, Moyano el garante exclusivo de controlar los reclamos salariales, sino que como «custodia» funcionará un clan amplio de caciques. Entre ellos, Rodríguez y Martínez, que habían tomado distancia del camionero.

Obediente, el jefe de UOCRA preacordó un incremento de 16%. Antes de que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, viaje a España, «El Centauro» Rodríguez hizo un tanteo sobre la cifra que estaba dispuesta a autorizar la Casa Rosada para los estatales: 15%.

-Acá hay demasiados morochos, así que mejor me voy. Ahora yo soy carapintada... -canturreó Luis Barrionuevo al ver entrar a Hugo Moyano a un despacho del Congreso mientras se paraba al lado de María del Carmen Rico, hija del ex teniente coronel.

-Luis... ¿no vamos a lograr que estos dos se saquen una foto juntos? -preguntó en voz alta Graciela Camaño para distender.

-Difícil, negrita, foto difícil -le respondió el camionero.

Toda una relevación. Sin fotos, a pedido de Kirchner, unos pocos días después en UOCRA, Moyano y Barrionuevo se sentaron a discutir la reunificación de dos de las porciones de una CGT fracturada en tres para pacificar el frente gremial en un año electoral.

Esa negociación se retomará el lunes en la sede de la UOM con una agenda amplia -incluido el pedido de elevar el mínimo a 1.050, como informó ayer este diario-y no será dañada por el acuerdo que hoy a las 9 rubricará Moyano en la Casa Rosada por una suba de 16,5%.

La reconciliación en la CGT para que vuelva a sesionar el consejo directivo --pretender una reunión antes del 1 de mayo-opera por una dimensión diferente a las disputas salariales. Aunque pidió moderación, Moyano no puso como condición que pidan menos de 20%.

La razón es sencilla: ese ejercicio lo desarrolló el propio gobierno, que aturdió a los caciques sindicales con planteos, en general cordiales, de evitar reclamos desmedidos. Sólo Barrionuevo y, esquivo, Omar Maturano, de La Fraternidad, resisten la embestida.

Los dos, al igual que gremios como telefónicos y neumáticos, este último enrolado en la CTA, planean seguir con sus reclamos por encima de 20%. Sólo se trataría de casos puntuales con jefes indomables o de sectores con repuntes de la actividad por encima de la media.

Quizá resulte revelador husmear bajo la hojarasca: ¿acaso la bancaria no firmó un aumento de 14% más una suma no remunerativa de 150 pesos que, en los hechos, implica una suba real más cercana a los 20 puntos? ¿No es lo que hizo Vicente Mastrocola en plásticos?

Esa mecánica se ramifica y permitiría «simular» que los aumentos concedidos están dentro del parámetro que fijó la Casa Rosada, aunque, en realidad, las subas serían mayores.

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