Luego de la fuerte suba que registró el riesgo-país por el derrumbe de los títulos públicos el viernes pasado, el ministro de Economía, Domingo Cavallo, envió una carta redactada en inglés a los grandes inversores, en la que intentó tranquilizar los ánimos, garantizando que la Argentina pagará sus compromisos de deuda. La carta se redactó el domingo a la noche, antes del derrumbe de ayer. En la misiva que tituló «Carta abierta a los mercados» calificó como «sorprendentes» los rumores que circularon la semana pasada sobre la posibilidad de que la Argentina entre en cesación de pagos (default) y adjudicó esas versiones a «alguna gente desinformada».
Este es el texto completo de la carta de Domingo Cavallo:
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En las cuatro semanas desde que me convertí en ministro de Economía he estado trabajando en un amplio programa para poner a la Argentina de nuevo en movimiento. No hubiera pensado nunca hace cuatro semanas que podríamos haber hecho progreso en un período tan corto. Sin embargo, este progreso no parece reflejarse en la evaluación de mercado de los activos argentinos. El último viernes los precios continuaron cayendo reflejando las preocupaciones sobre la solvencia del país. Esta nota es para aclarar lo que hemos hecho, explicar dónde estamos en términos de nuestro programa de financiamiento, y aclarar cuáles son nuestras intenciones.
Cuando fui designado ministro, me di cuenta de que teníamos que resolver rápidamente tres problemas muy críticos. Por un lado, un serio problema de credibilidad vinculado a nuestra capacidad para gobernar efectivamente. Segundo, teníamos que solucionar la cuestión de la solvencia fiscal, que se había agravado críticamente en los meses que precedieron mi designación. Finalmente, teníamos que poner en marcha de nuevo la economía, revirtiendo tres años de estancamiento.
Los primeros días dediqué mi energía a ayudar al presidente Fernando de la Rúa a reconstruir la Alianza como una coalición de gobierno efectiva y a convocar a las otras fuerzas políticas a que jueguen cooperativamente para construir un gobierno que funcione. Creo que estamos efectivamente alcanzando este objetivo, y los resultados son clara-mente evidentes. Comencé mi mandato con dos iniciativas legislativas importantes: la Ley de Competitividad y la creación de un impuesto sobre las transacciones financieras. Este impuesto recibió un fuerte apoyo de toda la sociedad porque se trata de un mecanismo por el cual la carga impositiva la paga la sociedad en su conjunto. Un mecanismo efectivo para que el esfuerzo sea compartido por todos los agentes económicos y no sólo por los que ya están «en el sistema». Asimismo, el impuesto abrirá camino a una solvencia fiscal de largo plazo, ya que será uno de nuestros instrumentos críticos para eliminar la evasión impositiva. Pero más allá de estas consideraciones, el impuesto que se espera recaude alrededor de 1% del PBI, sumado a los 700 millones de pesos de reducción en el gasto público, decidida la semana pasada, encarrilará otra vez los números fiscales. Hoy no está en riesgo el cumplimiento de la Ley de Responsabilidad Fiscal. En suma, con creatividad superamos la escasez de ingresos impositivos que estábamos anticipando para el resto del año (unos 2.000 millones). Quiero enfatizar que esto fue lo primero que hice, y mi rol fue hacer de esto una posibilidad factible. Con el problema resuelto me concentré en la importante tarea de estimular el crecimiento, vendiendo la Argentina tanto a los argentinos como a los potenciales inversores extranjeros, dejando el pulido de los números a mi staff técnico. En los próximos días seremos capaces de sellar la aprobación del FMI.
Sorprendido
Para ser honesto, estoy un poco sorprendido por el poco crédito que nos ha sido dado por encarrilar de nuevo los números fiscales. Si los mercados están preocupados por la solvencia fiscal a largo plazo, pueden apostar a que estaremos trabajando en los dos lados de la ecuación: ingresos y gastos, a fin de asegurar ese logro. En términos de ingresos, estaremos desarrollando un sistema impositivo más eficiente, más simple y mejor controlado. Pero no debo extenderme en esto hasta que tengamos logros reales y concretos. En mi anterior gestión como ministro de Economía, el número de empleados públicos se redujo en 300.000 y las cuentas públicas se equilibraron después de 40 años de déficits crónicos y financiamiento inflacionario. Sin embargo, nunca se escuchó en esos años un solo anuncio concerniente a la racionalización del gasto. Nosotros priorizamos la acción sobre los anuncios. Y todavía queda mucho más por hacer. ¿Quién cree que me conformaré con menos que obtener solvencia fiscal a largo plazo para la Argentina? Como prueba de mi determinación, el gobierno firmó decretos que reducen el gasto por más de 380 millones. Y obviamente habrá más. De hecho, el programa considera una reducción adicional del gasto cercana a los 320 millones, por un total de los 700 millones antes mencionados. Esto llevará el gasto al nivel que había en el Presupuesto de 2000. Al mismo tiempo, se está poniendo mucho énfasis en la disciplina de las provincias donde las transferencias son ahora condicionales a la performance fiscal, como ilustran las transferencias reducidas a cuatro provincias no cumplidoras. O el pacto fiscal con la provincia de Buenos Aires que implica una considerable reducción anual del déficit de más de 400 millones en los próximos 5 años. El control de gastos se practica, no se declama.
En el último par de semanas ustedes oyeron comentarios sobre la posibilidad de un default. Este debate, verdaderamente sorpresivo dado el fortalecimiento de nuestra situación fiscal fue, creo, estimulado por la opinión de gente desinformada.
Debate
Pensé mucho por qué gente honesta se atreve a escribir una recomendación de cómo la Argentina puede caer en cesación de pagos. ¿Quién puede concebir una idea tan destructiva para un país, y ser lo bastante audaz para proponerlo? Mi lectura es que hay un debate vinculado al rol del FMI en la ayuda a las economías emergentes. A muchos les gustaría ver un default de la Argentina como una manera de probar que el FMI se equivoca en su intento de reducir la inestabilidad del mercado mundial de capitales. Nosotros no lamentamos probar que estas predicciones son erróneas. En los análisis que vi sobre esta alternativa, hay un completo malentendido (casi una omisión) a los costos que tendría una reestructuración compulsiva de nuestra deuda. Para aquellos con más experiencia, y que han vivido en un país que se ha expuesto a este tipo de alquimia, los costos son tan claramente evidentes que simplemente no tiene sentido gastar un minuto pensando en ello. Conocemos la magnitud de los costos de un default. Particularmente para un país como la Argentina con un ingreso per cápita superior a los 8.000 dólares y un mercado financiero interno medianamente bien desarrollado.
Al contrario, en el contexto de una situación fiscal más fuerte, tenemos nuestro programa de financiamiento externo prácticamente completo para este año. El financiamiento interno se basa en la colocación de deuda programada en planes de pensión, la colocación de algunos BONTES más el refinanciamiento de instrumentos de corto plazo a través de creadores de mercado locales. Dada la cantidad de noticias económicas que golpean a los mercados y la avanzada ejecución de nuestro programa de financiamiento, decidimos posponer la subasta del martes.
Ya estamos trabajando en 2002, pero no sólo en términos de armar nuestro programa de financiamiento, sino también en términos de mejorar nuestra solvencia fiscal. Pronto anunciaremos una reorganización del gobierno, que permitirá un control mucho más estrecho del sistema de seguridad social que hoy supone la mitad de los gastos del gobierno nacional.
Con el programa financiero cubierto para el año, creo que la principal preocupación del mercado no es la habilidad de la Argentina para pagar (en este sentido estamos en mejor forma que el mes pasado), sino su voluntad para pagar. Bien, siendo la persona responsable de la economía argentina, reafirmo nuestro compromiso para el continuo mejoramiento de nuestro crédito público. Creo que hemos avanzado en esa dirección, dadas las medidas fiscales tomadas en mi primera pieza de legislación. Creí que los mercados reconocerían la movida audaz y que interpretarían correctamente lo que se hizo. Me preocupé después de alentar el aumento de la confianza de los consumidores y de los inversores para poner en marcha la economía, vendiendo las sustanciales expectativas de suba que tiene la Argentina y empujando y motivando a inversores extranjeros a que aprovechen las oportunidades de negocios en el país. El jueves, cuando aparentes rumores de mercado comentaban mi renuncia, estaba trabajando con CEOs británicos para lograr compromisos para nuevos proyectos de inversión extranjera directa.
Para aquellos que mantienen activos argentinos, sólo puedo felicitarlos por su juicio. Está claro que mantuvieron sus ojos enfocados en lo fundamental. La verdad es que lo que importa es el producto final, no el envase. Por su bien y por el de sus clientes, mantenga su vista en el contenido, pero déjeme elegir el envase. Como sabe cualquier buen economista, al final sólo los fundamentos importan.
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