Cavallo mandó carta en inglés a los inversores
Luego de la fuerte suba que registró el riesgo-país por el derrumbe de los títulos públicos el viernes pasado, el ministro de Economía, Domingo Cavallo, envió una carta redactada en inglés a los grandes inversores, en la que intentó tranquilizar los ánimos, garantizando que la Argentina pagará sus compromisos de deuda. La carta se redactó el domingo a la noche, antes del derrumbe de ayer. En la misiva que tituló «Carta abierta a los mercados» calificó como «sorprendentes» los rumores que circularon la semana pasada sobre la posibilidad de que la Argentina entre en cesación de pagos (default) y adjudicó esas versiones a «alguna gente desinformada».
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En el último par de semanas ustedes oyeron comentarios sobre la posibilidad de un default. Este debate, verdaderamente sorpresivo dado el fortalecimiento de nuestra situación fiscal fue, creo, estimulado por la opinión de gente desinformada.
Debate
Pensé mucho por qué gente honesta se atreve a escribir una recomendación de cómo la Argentina puede caer en cesación de pagos. ¿Quién puede concebir una idea tan destructiva para un país, y ser lo bastante audaz para proponerlo? Mi lectura es que hay un debate vinculado al rol del FMI en la ayuda a las economías emergentes. A muchos les gustaría ver un default de la Argentina como una manera de probar que el FMI se equivoca en su intento de reducir la inestabilidad del mercado mundial de capitales. Nosotros no lamentamos probar que estas predicciones son erróneas. En los análisis que vi sobre esta alternativa, hay un completo malentendido (casi una omisión) a los costos que tendría una reestructuración compulsiva de nuestra deuda. Para aquellos con más experiencia, y que han vivido en un país que se ha expuesto a este tipo de alquimia, los costos son tan claramente evidentes que simplemente no tiene sentido gastar un minuto pensando en ello. Conocemos la magnitud de los costos de un default. Particularmente para un país como la Argentina con un ingreso per cápita superior a los 8.000 dólares y un mercado financiero interno medianamente bien desarrollado.
Al contrario, en el contexto de una situación fiscal más fuerte, tenemos nuestro programa de financiamiento externo prácticamente completo para este año. El financiamiento interno se basa en la colocación de deuda programada en planes de pensión, la colocación de algunos BONTES más el refinanciamiento de instrumentos de corto plazo a través de creadores de mercado locales. Dada la cantidad de noticias económicas que golpean a los mercados y la avanzada ejecución de nuestro programa de financiamiento, decidimos posponer la subasta del martes.
Ya estamos trabajando en 2002, pero no sólo en términos de armar nuestro programa de financiamiento, sino también en términos de mejorar nuestra solvencia fiscal. Pronto anunciaremos una reorganización del gobierno, que permitirá un control mucho más estrecho del sistema de seguridad social que hoy supone la mitad de los gastos del gobierno nacional.
Con el programa financiero cubierto para el año, creo que la principal preocupación del mercado no es la habilidad de la Argentina para pagar (en este sentido estamos en mejor forma que el mes pasado), sino su voluntad para pagar. Bien, siendo la persona responsable de la economía argentina, reafirmo nuestro compromiso para el continuo mejoramiento de nuestro crédito público. Creo que hemos avanzado en esa dirección, dadas las medidas fiscales tomadas en mi primera pieza de legislación. Creí que los mercados reconocerían la movida audaz y que interpretarían correctamente lo que se hizo. Me preocupé después de alentar el aumento de la confianza de los consumidores y de los inversores para poner en marcha la economía, vendiendo las sustanciales expectativas de suba que tiene la Argentina y empujando y motivando a inversores extranjeros a que aprovechen las oportunidades de negocios en el país. El jueves, cuando aparentes rumores de mercado comentaban mi renuncia, estaba trabajando con CEOs británicos para lograr compromisos para nuevos proyectos de inversión extranjera directa.
Para aquellos que mantienen activos argentinos, sólo puedo felicitarlos por su juicio. Está claro que mantuvieron sus ojos enfocados en lo fundamental. La verdad es que lo que importa es el producto final, no el envase. Por su bien y por el de sus clientes, mantenga su vista en el contenido, pero déjeme elegir el envase. Como sabe cualquier buen economista, al final sólo los fundamentos importan.



