China acaba de dar el fin de semana un giro histórico aprobando la protección de la propiedad privada, algo que la teoría comunista prohibía como fundamento esencial. Esto potenciará su producción y consolidará a ese país como el que más crece en el mundo. Pero un proceso de este tipo, con tasas de crecimiento de cerca de 10% desde hace años, genera presiones inflacionarias que es indispensable dominar para que la economía continúe siendo sana. Por esto China decidió subir las tasas de interés, buscando moderar el auge económico y asegurarse de que éste dure más años, sin que el alza de precios destruya todo lo que se logró. La Argentina también se viene recuperando a tasas importantes, casi iguales a las chinas,y tiene presiones inflacionarias. Pero la forma de enfrentar el problema aquí es diferente. Se eligió fogonear más el consumo, aplicar controles de precios y manipular la medición de la inflación.
Pekín (AFP, EFE, El Mundo, LF) - China comunista adoptó el viernes una ley histórica que protege la propiedad privada, apoyada con una gran campaña publicitaria, pero su aplicación presenta dudas y dificultades, advirtieron ayer analistas.
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«Hay una diferencia entre la ley y la realidad. Una ley puede establecer un principio, pero hacen falta tiempo y reglas suplementarias para aplicarla en la vida cotidiana», recordó Han Xu, experto en Ciencia Política de la Academia China de Ciencias Sociales.
Después de años de debates y controversias, la Asamblea Nacional Popular (ANP, Parlamento) adoptó el viernes una Ley de Propiedad, derribando formalmente uno de los últimos vestigios de la ideología comunista.Este texto protege tanto la propiedad colectiva o pública como la propiedad privada, aunque según los medios de comunicación del Estado sigue colocando el «bien público» en el corazón del sistema económico.
Numerosos observadores destacan que se trata de un colosal paso adelante hacia una sociedad más justa en la cual las empresas privadas ya no serán víctimas de discriminación. Sin embargo, algunos especialistas destacan que la ley sólo fija un marco y que sus decretos de aplicación todavía no han sido adoptados.
«La igualdad significa igualdad de oportunidades, y en ese sentido, al gobierno todavía le queda mucho por hacer», afirmó Yan Jirong, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Pekín.
China debe reforzar las medidas contra los monopolios. Amplios sectores de la economía permanecen bajo control gubernamental, lo que permite a las empresas estatales obtener beneficios indebidos, pues no tienen que hacer frente a la competencia.
También habría que adoptar una «ley sobre la libertad de asociación», agregó Mao Shulong, profesor de Administración Pública en la Universidad Popular de Pekín.
Reglas
«El gobierno otorga más atención a las organizaciones no gubernamentales y a las otras formas de asociación en la sociedad civil. Algunas reglas existen en ese sentido, pero nadie habla de una verdadera ley», señaló.
Sin embargo, de acuerdo con Hu Xingdu, un economista liberal del Instituto de Tecnología de Pekín, no es seguro que el Parlamento chino sea capaz de adoptar una ley eficaz.
«La gran mayoría de los (3.000) delegados no recibió ninguna formación antes de entrar al Parlamento. Ellos no comprenden los temas sobre los cuales deben debatir», advirtió.
Lo que China necesita es un Parlamento de tiempo completo, como en las democracias de los países desarrollados, señaló, y no una asamblea que se reúne entre ocho y doce días por año.
«El Parlamento debe ser profesional. Nosotros no podemos tener diputados que hacen esto como un pasatiempo. Se necesitan expertos y universitarios de todos los sectores, y no sólo dirigentes del Partido», insistió.
La Ley de Propiedad, aprobadael viernes con 2.799 votos a favor, 37 abstenciones y 52 en contra, fue fruto de 13 años de discusiones.
«Todo tipo de propiedad, desde la estatal hasta la colectiva, individual o de otro tipo, está protegida por la ley y nadie puede atentar contra ella», dice uno de los 247 artículos de la norma impulsada por el gobierno de Hu Jintao.
Sin embargo, en una concesión a los más ortodoxos, que temían una derrota sin paliativos ante el capitalismo y la renuncia a los más arraigados conceptos socialistas, el texto subraya que la propiedad estatal sigue siendo la «dominante» y descarta la privatización de la tierra en el campo.
Recibida con entusiasmo por los urbanistas y nuevos empresarios y con más escepticismo en el campo, la ley pretende ante todo responder a las necesidades del sector privado, que aporta ya la mitad de la riqueza del país, y adaptarse a nuevos conceptos como la propiedad intelectual.
Otra definición importante en el cierre de las deliberaciones legislativas fue la aportada por el primer ministro, Wen Jiabao, quien definió el desarrollo chino como «inestable, desequilibrado, descoordinado e insostenible» en la rueda de prensa que ofreció tras concluir el pleno anual de la Asamblea.
«Estoy lleno de preocupaciones sobre cómo responder a los retos apremiantes a los que nos enfrentamos» para reconducir ese desarrollo, entre cuyos defectos figura la brecha entre el campo y la ciudad como uno de los más peligrosos para la estabilidad social.
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