Está todo
listo en
Singapur
para el
inicio de la
Asamblea
Anual del
FMI y el
Banco
Mundial.
La seguridad
preocupa
a las
autoridades,
que
reivindicaron
el
derecho a
prohibir el
ingreso de
algunos
activistas.
Singapur (EFE) - Los ministros de Economía de todo el mundo hablarán esta semana de voto, cuotas y poder en esta ciudad, donde tendrá lugar la Asamblea Anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y arrancará la disputa por el control del primero de esos organismos.
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Se espera que la Asamblea de Gobernadores del FMI, reunida en el Centro de Convenciones Suntec, apruebe un aumento del poder del voto para México, Corea del Sur, China y Turquía, que ya ha recibido el visto bueno del Consejo Ejecutivo del organismo.
Sin embargo, esa medida será sólo el primer paso de la que será previsiblemente la mayor reforma del organismo desde su creación en 1944.
Apetito
El aumento del voto para esas cuatro naciones «hará que se les abra el apetito a los países en desarrollo, que se van a presentar de forma muy fuerte a pedir más representación», dijo Claudio Loser, ex director del departamento de América Latina del FMI.
El meollo de la cuestión es la redefinición de la fórmula mediante la cual se ha repartido el poder entre los 184 países miembros del FMI desde su creación en la Conferencia de Bretton Woods.
La ecuación actual beneficia a pequeños países europeos como Bélgica o Dinamarca, pues les da más voto que el que les correspondería por el peso de su economía en el mundo.
No es por casualidad que estos países quieran que la nueva fórmula se parezca lo más posible a la actual y que se cuente en especial el volumen de comercio exterior.
En cambio, América latina desea una ecuación totalmente nueva.
El G-24, que agrupa a países en desarrollo, ha pedido durante años que el reparto de votos se haga en base al Producto Bruto Interno (PBI) estimado como paridad de poder de compra, una medida que elimina las distorsiones creadas por la diferencia de precios entre las naciones.
Para enfatizar su posición, la Argentina, Brasil e India rechazaron el proyecto de reforma presentado al Consejo Ejecutivo la semana pasada, una medida extraordinaria para un organismo que opera fundamentalmente por consenso. «El juego acaba de iniciarse, va a comenzar en Singapur, y el Fondo tiene todo un año, o año y medio, para decidir sobre la nueva fórmula, así que ahora es el momento para comenzar a ejercer presión», dijo Liliana Rojas-Suárez, ex economista jefe para América latina del banco de inversiones Deutsche Bank.
La nueva ecuación «debería estar lista» para setiembre de 2007, o, a más tardar, para 2008, según la resolución aprobada por el Consejo Ejecutivo el 31 de agosto.
Ese documento dice que «hay apoyo considerable» a que se dé más peso al PBI, medido en base al tipo de cambio y no como paridad de poder de compra. Eso beneficia a Estados Unidos, cuyo PBI representa 29% de la economía mundial, mientras que su voto en el FMI es de 17%, aunque ha dicho que no quiere aumentar su poder. También les conviene a Japón y al resto de Asia.
Apertura
La propuesta del directorio dice además que debe ser «importante» en la ecuación el grado de apertura de la economía de los países miembro.
Ese factor ya tiene gran peso en la fórmula actual y es el que explica que Bélgica posea más voto que la India, y que Suiza tenga más que cualquier país latinoamericano, pues ambas son economías con un alto nivel de comercio exterior en relación con su PBI.
Sin embargo, mantener esos desequilibrios será difícil, a juicio de los expertos.
«Las anomalías obvias serán cada vez más visibles y crearán más presión» para la reforma, opinó Nancy Birdsall, presidenta del Centro de Desarrollo Global, un centro de estudios.
Los grandes países latinoamericanos lucharán en especial porque las naciones europeas pequeñas no se salgan con la suya y se minimice el peso del volumen de comercio exterior en la fórmula.
«El factor de apertura perjudica terriblemente a países como Brasil y la Argentina», señaló Rojas-Suárez.