En el último «Panorama político» de Gabriela Pousa que circula por Internet, la analista explica cómo conviven en la Argentina medidas populistas e insostenibles para contener la suba de precios junto con indicadores económicos que pueden hacer creer que «estamos viviendo en Suiza». Toma como ejemplo el mercado de la carne y asegura que puede trasladarse a otros ámbitos.
Han habido datos que jaquean la coherencia. Si tomamos a pie juntillas los indicadores de coyuntura económica podemos creer que estamos viviendo en Suiza y no en la Argentina. No es que la economía no haya tenido una recuperación importante tras la crisis de 2001, aun cuando la «intervención» del INDEC nos torne más cautos a la hora de atender las estadísticas. Hay metodologías que no se sostienen y obran como las aguafiestas del éxito oficialista.
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Basta con analizar la evolución de la política económica tendiente a evitar una escalada inflacionaria. Con la carne en menos de un año se han tomado medidas como reducir el peso mínimo de faena, «intervenir» el Mercado de Liniers, llamar a consignatarios de hacienda para « comentarles» la «conveniencia» de no disminuir el ganado enviado al mercado, «rematar» vacas camufladas del Ejército Nacional, limitar exportaciones, establecer un control de precios disfrazado de «acuerdo», hacer surgir de la galera nuevos cortes populares con precios accesibles como si fuese posible hallarlos en góndolas.
Se creó una nueva herramienta de presión al repetir la historia del INDEC con la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA). Su titular fue removido y reemplazado por un hombre del riñón del secretario de Comercio. De este modo, el organismo se convierte en clave pues controla $ 500 millones en nuevos subsidios indirectos a los alimentos. El Congreso está próximo a convertir en ley un proyecto del oficialismo que le otorga superpoderes para regular y sancionar, con multas de hasta $ 1 millón o con clausuras, a comerciantes agropecuarios.
Amén de la escasez de ciertos cortes de hacienda, los precios siguen alterándose aunque con «sutilezas». Al fin y a cabo, los asados de novillo o los bifes de chorizo parecen que sólo se hicieran en barrios privados, y la inflación cuando afecta a «las clases altas» como se dijo, no es grave.
Las subas de precios o la escasez no son los únicos derivados de esta extraña política económica populista. Uruguay está ya exportando más carne a Estados Unidos de lo que exporta la Argentina. Pero estas nimiedades no deberían ser siquiera tema cuando la semana que pasó nos enteramos que bajó la pobreza, creció el PBI y se redujo la deuda externa.
El ejemplo de la carne puede ser trasladado a todos los ámbitos de la vida política e institucional de la Argentina. Metodologías sin estructura y estancadas en la mera coyuntura. Lo único cuestionable es que este «modus operandi» no es precisamente el adecuado en un sistema democrático. Pero ése puede que sólo sea un detalle insignificante.
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