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19 de septiembre 2006 - 00:00

Cristina, a favor de ir a Wall St.

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La esposa del Presidente disertó ayer ante estudiantes y funcionarios argentinos en la Universidad de Columbia.
Cristina Kirchner dio ayer ante estudiantes de la Universidad de Columbia un ejemplo del método dialéctico del gobierno para defender sus posiciones. Dijo que existe en la Argentina gente a la que le molesta que Néstor Kirchner visite la sede de la Bolsa de Nueva York y que toque la campana de apertura de la rueda de negocios.

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Los asistentes pudieron quedarse con la impresión de que el gobierno enfrenta una ola de críticas por ese gesto y que al Presidente le sobra fuerza para contradecir esas críticas. La verdad es que no se han registrado reproches a Kirchner por su presencia mañana en Wall Street desde que este diario publicó el anuncio de la visita.

La senadora se lamentó de que «debe ser muy duro ver a un progresista tocando la campana en Wall Street» sin reseñar a qué criticas se refería, que deben ser además clandestinas o debe haberlas escuchado el Presidente en el ámbito recoleto de su despacho de boca de algunos de sus visitantes frecuentes.

Esas críticas, continuó la primera dama, vienen de quienes presuntamente «se incomodan porque (Kirchner) no encaja en el clisé de la características que estas personas consideran que debería tener alguien que va a tocar la campana en Wall Street», e ironizó al afirmar que «en la Argentina tuvo que venir un progresista para desendeudar al país y se ven los resultados».

Luego de esta defensa del gobierno en una puja inexistente -urdida para consumo del cándido auditorio estudiantil de ayer- la esposa del Presidente dijo con modestia que la Argentina espera poder hacer «un aporte humilde» para que los países poderosos entiendan «que es posible progresar con otras recetas, con otra ideas».

La senadora disertó en la tarde de ayer durante una hora en la Universidad de Columbia, en el norte de Manhattan. En la oportunidad, cuestionó duramente a los organismos multilaterales de crédito y se mostró sorprendida por el hecho de que «sigan manteniendo sus mismas estructuras burocráticas» e incluso señaló que si se tratara de una empresa privada «ya los hubieran despedido a todos».

  • Ironía

    Por otro lado, afirmó que al gobierno lo tiene «muy sin cuidado» que el Fondo Monetario Internacional tilde de populistas a «políticas soberanas» e ironizó al afirmar que «ni la inversión ni el crecimiento económico parece que lo han escuchado, afortunadamente».

    Al hacer referencia a la cancelación de la deuda con el FMI, consideró esa medida como uno de los puntos de inflexión generados por las políticas aplicadas por el gobierno de Néstor Kirchner y sostuvo que con esa medida la Argentina «adquiere un grado razonable de autonomía».

    Dijo que la Argentina dio ese paso luego de haber estado sometida «a un control que algunos decían que era vejatorio, que en algunos sentidos sí lo era, pero que fundamentalmente afectaba la racionalidad nacional».

    De hecho, agregó, « pretendían que se volvieran a aplicar las mismas políticas, y nosotros, no desde la ideología sino desde la verificación trágica de su inviabilidad, la negábamos».

    Fernández señaló como otro punto de inflexión de la gestión Kirchner la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
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