Una mala decisión suele arrastrar a otras por encadenamiento, pero también puede salvarse a tiempo la primera y colocar la situación en un punto muerto.
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La segunda opción -reconocer el error- suele ser la más rara de ver en nuestro medio y más si se trata de entidades. Esto está referido a que el devenir de nuestra historia bursátil ha apresurado los tiempos en varias facetas e hizo arribar situaciones que eran imposibles de imaginar, vistas desde unos pocos años atrás. El advenimiento de los Cedear fue una de ellas, los que se van multiplicando en número y corriendo paralelo con la deserción local. Tienen una presencia notable en cantidad de especies, no todavía en cuanto a volumen de negocios en relación, pero se mostraron con varios picos importantes que indican la tendencia a ganar terreno.
Cuando hablamos del Merval, con las aclaraciones sobre la creación del «M.AR», quedó resaltando una derivación sobre lo que puede ocurrir con la nómina del índice clásico. Que algunos certificados puedan incorporarse al listado solamente depende de que en algún momento su volumen -dentro de 80% pedido- les otorgue la luz verde. Disquisiciones hay muchas para poder entablar una discusión formal, pero vamos a esa relación causa-efecto de que hablamos. El haber fundido en un solo monto de negocios lo que hacen las acciones «ordinarias» locales y esos Cedear representativos de títulos foráneos, no solamente enturbia las conclusiones sobre la tendencia de la plaza local sino que automáticamente habilita a que se los deban considerar integrantes comunes y en el mismo plazo que una acción de origen local.
Esa fusión de montos sin asidero alguno, que llama a severas confusiones si no se desagregan las cifras al querer relacionar cómo les fue a nuestras acciones, en función de su volumen, está engendrando la segunda distorsión que puede venirse de lleno el año próximo tal vez. Llegar a tener un índice local más parecido a un Dow Jones, que a listado de la Bolsa de Comercio. Nos parece más atinado, si se produce una presencia de importancia y permanente, que los certificados tengan su propia esencia antes que ver un mix totalmente desnaturalizado. Pero, para ello, se debería dar el paso atrás en cuanto a brindar diariamente, para la difusión pública, los renglones por separado sobre montos transados por unas y otras especies. Podría quedar para otro tipo de digresión el asunto de si una acción ordinaria es sinónimo de un Cedear -pensamos que no lo es- así como si para ver el verdadero potencial de negocios de la Bolsa hay que sumar todo lo que hace en distintos instrumentos, global, y no las acciones por separado. Planteos para aportar luz, no para otra misión. Dejando de lado la tosudez, claro.