24 de abril 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

«...Como estaba allí Daniel Marx, entonces le dijo a De la Rúa que por qué no aprovechaba que se iba a reunir con el presidente del Banco Mundial y le pedía un adelanto.» Con semejante frescura, relataba el ministro Caballo a qué se debían esos rumores de la última parte del viernes, donde, tratando de encontrar un bálsamo a tantos males, por la City se había edificado la idea sobre que «Cavallo llega el fin de semana con entre cinco y mil y quince mil millones de plata prestada...». A profundidad semejante hemos llegado, a tal pérdida absoluta del mínimo orgullo y aprecio por formas, que un ministro cuenta una anécdota sobre un presidente de la Argentina, aprovechando una entrevista para «mangar un adelanto», como quien le dice a un conocido: «Che, prestame unos pesos que no llego a fin de mes». Indudablemente que esto ha sido así, tal cual lo relató Cavallo, pero al menos podría haberlo presentado de otro modo y no con ese cariz de mandatario al que uno se figura con el saco roto o las medidas con papas, pidiendo unos dólares a un rico para poder seguir tirando. Esa fue la conferencia de prensa del ministro del sábado por la tarde, donde mostró otra faceta, para sorprender a todos. Porque esa tarde, «Crónica» titulaba en su edición: «Cavallo volvió furioso». Y su mano derecha, Caro Figueroa, había dinamitado el terreno planteado -como si tal cosa-, una suerte de conspiración contra el país, realizada por financistas y políticos. Carta brava, a la que le agregaba otra mayor, diciendo que los nombres se llevarían al Senado.

La bisagra de toda la mini-comedia del fin de semana estuvo en la misteriosa reunión de Cavallo con los banqueros. Estos no querían saber nada ni de fotos que los dejaran pegados, y tras esa reunión, la conferencia de prensa, en lugar de mostrar a un ministro sacando los colmillos y con una granada en cada mano, ofreció la visión de un Cavallo más inofensivo que el perrito de Susana Giménez. ¿Qué se cocinó dentro de esa reunión? era el gran tema. Lo cierto es que ya no hubo misiles contra los mercados conspirativos; diluyó lo que había prometido Caro Figueroa, y es como que allí se hubiera pactado alguna tregua (sabiendo Cavallo que estaba perdiendo por goleada). Lindo para un inversor de riesgo todo este sainete montado. Ahora vendo, no ahora no vendo. Sí, sí... vendo, vendo. No, no, mejor espero.


Un presidente al que lo envían a «mangar» un adelanto, como para salir del paso. Un segundo de ministro que lanza con total crudeza una fabulosa conspiración. Un ministro que se cambia la fachada y ofrece un menú muy distinto del esperado. Una reunión bajo siete llaves con los principales banqueros. Un mercado que había rebotado como una pelota loca jueves y viernes, un desquicio nacional que parece no tener límites.

Dejá tu comentario

Te puede interesar